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Todos los periódicos tenían un suelto estereotipado para publicarlo llegada esta época. El suelto, poco más ó menos, era el siguiente; E 1 Carnaval se marcha. Las corrientes modernas van suprimiendo esta fiesta de nuestras costumbres, y ya no se ven por las calles de la corte más que el hombre del higid, el moro de Ferreras y dos ó tres comparsas C de lisiados. 1 Una iniciativa feliz y un día de sol bastaron para dar al traste con estos prejuicios. Sin el hombre del higuí, sin el moro de Ferreras, sin las comparsas lamentables de los pobres lisiados, ha habido este afio Carnaval, y un Carnaval tan animado, espléndido y alegre como no recuerdan otro alguno los madrileños de la generación presente. ¿Quién obró el milagro? Consignemos ante todo que no hay milagro alguno en la resurrección del Carnaval. Nuestro pueblo, que es el más alegre de la tierra, está pronto á manifestar su alegría cuando el menor aliciente justifica lo que por aquí llamamos echar una cana al aire Y puestos á resolver las cuestiones previas, detengámonos ante la principal, muy traída y llevada estos días, cual es la oportunidad ó inoportunidad de esta resurrección carnavalesca. No pocos ilustrados escritores y muchos F I L A D E COCHES KN L A C A S T E L L A N A respetables diarios han echado por la tremenda con este motivo, y anticipando tres días la época de los sermones, han combatido ei Carnaval como contrario al espíritu que debe predominar en la nación en este período angustioso para la patria. Permítasenos la sinceridad de una franca discordancia en este concierto de las tristezas periodísticas. Si son grandes é irremediables nuestras penas, bien haya quien de ellas nos distrae siquiera un par de días; si está decaído el ánimo de nuestro pueblo, todo cuanto tienda á levantarlo debe ser aplaudido y bien visto; si nuestro pueblo da á todas horas su sangre á la patria y al fisco el fruto de sus sudores, ¿qué menos podremos darle, á cambio de ello, que un rato de alegría y de expansión? Sobre que nuestro pueblo es precisamente el pueblo adorable del no importa; el pueblo invencible mientras no le arranquen el sol de su cielo, que es el regocijo de su alma; el pueblo que no en balde tiene en su típica fraseología interjecciones como t ¡Vengan penas I, y modisCAZANDO S E R P E N T I N A S mos como X mal tiempo, buena cara y A mal dar, tomar tabaco Mucho importa sin duda que aparezcamos ante él extranjero como un pueblo viril y unido, generoso para dar soldados á la patria, inagotable para proporcionar recursos al Tesoro, pero acaso importa mucho K i Kiscii io también que los enemigos de la patria vean que el espíritu de la nación ni decae, ni envejece, ni se amilana L D AUToiuDAz QQJ igg (Jaflos cíertos ni ante las contingencias futuras. K