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UNA FIESTA ORIGINAL La casa de la señora de Le Motheux es para todos los que frecuentan los salones uno de los centros de sociedad más agradables de Madrid. Los viejos ven en aquella casa los cuadros de Lucie Palladi, Teniers y Dubast y los muebles antiguos que heredó la señora de Le Motheux de su padre el marqués de Bedmar, y recuerdan aquella época de la Revolución en que las fiestas del citado marqués, las del conde de Heredia Spínola y las del de Superunda, á que asistían las señoras con flores de lis, eran vigiladas por la policía, agregándose á los encantos de la gran sociedad el de una conspiración de buen tono en que tomaban parte las damas. Los jóvenes encuentran allí á las muchachas más bonitas y distinguidas de Madrid y á las señoras que figuran en primera línea entre nuestras elegantes, y por eso los salones de la señora de Le Motheux tienen para unos el atractivo de los recuerdos y para otros el de las esperanzas. La fiesta del domingo 13 de Febrero había despertado gran curiosidad, porque se sabía que se iba á presentar en ella una orquesta de que formaban parte no pocas beldades, dirigida por el eximio artit ta D. Antonio Fernández Bordas, violinista notable que toca sólo por afición, cuando á permitírselo su modestia pudiera emular al propio Sarasate. Y bien puede estar satisfecho el Sr. Bordas, no sólo por laperfecta interpretación que alcanzaron la polka burlesca de Garcin y la Promenade du hoeuf gras, de B anc, ambas repetidas, sino porque ni el mismo Hermán Levi, reconocido por los críticos eminentes como el primer director del mundo, ha dirigido nunca una orquesta de qué; formaran parte tantas beldades como las que tocaron diversos instrumentos en casa de la señora de Le Motheux. Eran éstas la Srta. Lili Le Motheux, que figura en primera línea por su hermosura y elegancia; María Isabel Bermejiílo y Arteaga, que une á sus buenas cualidades la belleza heredada de las mujeres de la casa de Valmediano, á que por su madre pertenece; Carmen y Teresa Pefiafuente, cuyas caras, por él candor que en ellas se revela, recuerdan las ideales vírgenes de Murillo; las elegantísimas Isabel y María Teresa Madrón y Kuiz; la Srta. Primo de Rivera, que recoge en los salones tantos laureles como en Filipinas conquista su padre para la patria; Carmen Oastelló, María Oasanova, Rosario Agrela y Remedios San Miguel. Vean los lectores la fotografía que acompaña á este artículo, y díganme después si son exagerados mis elogios; á oir la orquesta fué fa crSme de la cerne de nuestra sociedad. Dentro de pocos días, las mismas señoritas que han brillado en los salones del gran mundo se reunirán en algunas iglesias para hacer Ejercicios devotos. Ellas pensarán en Dios, y los que las hemos visto preciosamente vestidas en casa de la señora de Le Motheux haremos doble penitencia, porque á las propias del santo tiempo en que ahora estamos, habrá que agregar la de no verlas durante la Cuaresma. fl FABRTCTO Fnfoo. Franzen