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En el teatro tiene otro carácter; en el escentrio, darante los eneayos, st agrupan en torno de la lumbre, que suele ser de guardarropía lambiéi, es decir, lumbre figurada, los cómicos, que en tanto ensayan sus compañeros hablan pestes de ellos, y viceversa cuando los que están ensayando se sientan al brasero. Las mamas de las coristas también hacen la rueda y no pierden el tiem po; con las manos hacen crochet y punto de media, y con la lengua no se dan punto de reposo: que si la Pérez gana más que su niña y canta menos, que si la Fernández hace ya papelitos y entró en el coro ayer, y así por el estilo sigue el palique has ta que llega algún autor, á quien in mediatamente las madres le hacen la rosca, sobre todo si es joven y tiene obras en el cartel. Entonces se cam bia de crochet, el gancho es otro, y hay aquello de ¡Si viera usted lo que dice mi Paquita de usted! No es porque usted esté delante, pero, hijo mío, tiene usted mucha gracia. Si todas las piezas que echan fueran como esta última que ha estrenado usted, cómo se pondría de dinero la empresa! Sería aquéllo de robar el dinero, de robar el dinero matena mente Estos elogio. s, más ó menos exagerados, stgún el temperamento de la sefiora madre de la corista, vienen casi siempre á parar en dos cosas: ó en pedir café, con pretexto de ser la bendita hora en que todavía no han podido almorzar á causa de los dichosos en- ayos de la obra nueva ó en solicitar un papelito para la niña. Otras veces, algún periodista amigo de la empresa es la víctima. A éste le piden que se ocupe de la niña, aunque no sea más que una línea. At- í se explica que muchas veces, en la revista de teatros de los periódicos, se encuentre uno con La señorita Fernández hizo de su insignificante papel de criada una creación. En la manera de decir la sopa está en, la mesa, se vio el detenido estudio que había hecho del tipo. Hará muy bien la empresa en confiar á la señorita Fernández papeles de más importancia Otro de los braseros más característicos es el de los ministerios. JJOS porteros tienen su camarilla especial de pretendientes, á los que protegen, y á éstos les está permitido sentarse á la diestra, disfrutar del calor de la lumbre, y alternar, en una palabra. Cuando el timbre suena, el porteio se levanta pausadamente, consulta el cuadro, abandona el, periódico, que lee con igual pose, como se dice ahora, que un senador vitalicio, guarda las gafas y abre la mampara del despacho de su excelencia. Aquel momento lo aprovecha él para recomendar de pasada á los suyos, en tanto que los qiie no han caído en su gracia allí quedan en el banco esperando los siglos de los siglos. Y para éstos el ministro es a! ga así misterioso á lo que no se puede llegar nunca. Nadie pase sin hablar al portero, pero sobre todo á un portero mayor I El brasero tiene su representación en todas partes, en todos los centros, y hasta hay gentes que se mueren por él. I Díganlo los que se suicidan por este sistema! Loa golfos, cuando no lo tienen, lo improvisan en medio de la calle; se enciende la fogata, y en seguida las manos, negras por el frío, se extienden sobre las Tamas vivas y rojas como bendiciendo! as. Así el cuerpo entra en su temple y se puede llegar mejor á las garitas de la Presidencia, establecidas para eso, y señalo este sitio por ser el asilo inás céntrico y el que está de moda. Y aprovecho la ocasión, ya que del brasero hablamos, rara echar una firma. LUIS G A B A L D Ó N DlEir. Tos BB MüSOZ LUCENA