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laK decoraciones, la piopiedad de les trajes, los deslumbradores vestidos de las actrices. Un estreno en París es algo como una recepción en casa de los directores. Para juzgar de una obra hay que oírla con el público y no con los hombres de letras que llenan la sa a la noche de un estreno. Esta comedia entró de lleno, como suele decirse, desde la noche del ensayo general. Y entró, primero, porque está m a r a v i l l o s a m e n t e puesta en escena; y segando, porque la acción se desarrolla en una época que interesa á todos los franceses é interesará á todos los públicos ante quienes se ejecute. ACTO III. -EL SALÓN DK LA MARÍSCALA Así como en España gustan siempre las comedias ó zarzuelas en que los actores visten la capa colorada y el sombrero de tres picos y las actrices mantilla y basquina, en Francia seducen las obras del tiempo de la Revolución y del Imperio Además, Sardou es no sólo un autor dramático experimentadísimo, sino un gran faismr. Es hombre de teatro ante todo. Sus obras nos hacen olvidar un momento las comedias realistas y naturalistas y demás cosas de nuevos moldes que quieren imponernos los innovadores. iComo si hubiera innovadores en el teatirol! Nihil novum sub solé! La obra que hoy damos ci ra (ííí tuvo en París un éxito grande, franco, sincero. Está basada en, las mil anécdotas que han quedado sobre el carácter, educación y maneras de la Maríscala, célebre en su tiempo por sus chocarrerías y timos, como se dice en la jerga madrileña. Aquel Lefévre, para nosotros los españoles tan odioso, se casó, siendo sargento, con una lavandera Andando el tiempo, llegó á ser mariscal de Francia y duque de Dantzig; y, naturalmente, su mujer la duquesa tuvo que hacer papelón en la corte imperial de Francia, sin dejar de ser por educación y hábito lá lavandera aquélla. Su paso por la corte, sus dimes y diretes con Napoleón I y su papel en la acción del drama, constituyen la obra. El público se extasió ante la fiel pintura del tiempo aquél y de los detalles graciosísimos de que la comedia está llena. El actor Duquesne era Napoleón mismo, actor buscado exprofeso y que se parecía á Bonaparte como un hnevp á otro huevo. Hace muchos años, había en París un cómico llamado Baptiste, cuyo parecido con el emperador era tal, que dio motivo á machas obras cuyo protagonista era t el ogro de Córcega Este actor Duquesne de ahora ha venido á reemplazarle. Sardou le presenta en la intimidad; ha hecho el emperador con babuchas en vez del eterno César á caballo y con el tricornio puesto de frente. Al pasar del drama y de la nóvela á la comedia urbana en manos de un autor tan experto, Napoleón I ha hecho las delicias del público parisiense et pour cause. Es obra hecha ad hoc para la gran masa. Donde quiera que se haga será de resultado. Un espectador sordo puede pasar una buena noche viéndola. Por eso mi crónica de hoy es más bien una expilicación de las fotografías que traje de París, y que son cuadros históricos íntimos de una época. Elprimer acto, cuadro de lavanderas y soldados; el segundo, Napoleón al amor del fuego con la Máriscala; el tercero, la corte imperial con todos los reyes y reinas que el emperador improvisó é impuso en Europa. iQué época aquella de novedades democráticas, de transformaciones y de revolución en todol Solamente por ver algunas escenas íntimas de tiempo tan irevuelto vale la pena de estudiar nuestros grabados de hoy, roientras esperamos el resultado de la traducción que Falencia nos ofrece de una obra que es ün capítulo de la. Historia del CowsMteíio áeZ mpew convertido por líi hábil mano de Sardou en comedia moderna. Y como dicen de telón adentro: JíVíeros áe esceMa EusKBio BLASCO Fotografías U. Mairet