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Quien hace dos afios hubiese hablado de autonomía, ¿no hubiera ido poco menos que á los calabozos del Montjiiich? Y quien osa hoy atacar esa misma autonomía, ¿xxo es tenido por loco de atar, cuando no por enemigo peligroso de la patria? Con estas y otras precauciones semejantes, bien segaros estamos contra escándalos parlamentarios. ¿Ni qué ha de suceder en las naciones extranjeras, donde las Cortes son casual producto de una anárquica libertad electoral? Imiten nuestro ejemplo, y verán cómo se desliza tranquila y feliz su apacible vida parlamentaria. Eso del encasillado fué la invención de las invenciones, y el novísimo encasillado de la oposición ha sido el progreso de los progresos. Ya se sabe por ahí cuánta mayoría traerá el Gobierno á las futuras Cortes y qué número de lugares concederá Oapdepón á la Unión conservadora, á los republicanos, á los carlistas y á los de Eomero. Son habas contadas. De esas habas que no se cuecen en ninguna parte raás que aquí. En Gobernación son recibidos con el mismo gusto los candidatos ministeriales que los de oposición, y aún éstos mejor que aquéllos, porque son los que dan sal al puchero, al famoso puchero de las elecciones. AIgün infeliz que no está en el secreto (y muy infeliz tiene que ser, porque esto es el secreto á voces) pasa las de Caín en el despacho de D. Trinitario. 3- ¿A quién anuncio? pregunta el portero. -A Gutiérrez, diputado liberal en todas las legislaturas. Entra Gutiérrez, y el ministro del ramo sigue consultando un euadernito, lleno de nombres por orden alfabético. -Ge... Ge... Ge- ¿Es por mí esa risita? pregunta Gutiérrez. -No me río, señor; es que estoy consultando el libro, y no veo su candidatura de usted. ¿Que no? ¿Ignora usted, señor ministro, que soy un diputado de arraigo? ¿De dónde? -De arraigo. -No conozco el distrito; pero de cualquier modo, siento decirle que su triunfo no va á ser posible por esta vez. ¿A mí ese desaire? ¿á un liberal de toda la vida? ¿Y qué hemos de hacerle? Sería preciso deshacer toda la combinación, y ya es tarde. -Me iré con Romero, con los carlistas, con el demonio- -Eso se llama ponerse en razón. Precisamente estamos ahora encasillando á las opoficiones; conque usted dirá. -Mis simpatías e tán con Silvela, pero nada le he dicho; no le conozco siquiera personalmente. -Ni hace falta; conque lo sepamos aquí es bastante. ¿Para qué quiere usted conocer á Silvela, si él no ha de darle el distrito? Y así va llenándose el encasillado, verdadera obra de arte don de se combinan en tonos snaves todos los colores políticos. Verán ustedes qué Cámaras; dará gusto ver as. Para que resulten más espafioas y sandungueras, dejarán de ser esdrújulas. Cargará el acento en la última filaba; y se llamarán Cámaras. lis mucho mejor.