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¿Hablará ahora? Tal vez piensa en. mí y se pregunta: ¿Dónde estará, qué hará mi culebra dei Nilo? Asi m e llama, con razón: llevo dentro ponzoña dulcísima. ¿Cuándo volverá? Y cuando vuelva después de ver las mujeres romanas de tez alabastiina, marmórea, ¿me encon- trará tal vez ennegrecida por ios besos del sol egipcio? ¿ine encontrará arrugada por el tiempo? ¡Oh, días felices los del gran César! Cuando tú me conociste, era yo aumento digno de un monarca. ¡Qué otra era también cuando me vio el gran Pompeyo! ¡Cuando se quedó inmóvil contemplándome con los ojod fijos en mi rostro, como si pretendiera anclarlos en él para siempre y sepultarse en lo profundo de mis pupilas! (Queda pensativa y fris e. CLBOPATRA. -Continúa. Tu rostro me anuncia buenas noticias. Si Antonio está vivo, ¿por qué no me lo h a s dicho desde el comienzo? Si no lo está, también desde el principio debieras haberte presentado como u n a fiera coronada de serpientes. M E N S A J E R O -S i no me es- cuchas CLBOPATRA. -S i e n t o mis deseos de arrastrai- te que de oírte. Sin emb irgo, dime que Antonio es amigo de César, que no es cautivo suyo, y liaré que caiga sobre ti otra lluvia de oro con granizada de perlas. MENS. -VJHRO. -Está bueno. Ci EOP ATRA. -Empiezas á hablar bien. MENSAJERO. -Y en paz con César. CLBOPATRA. -Este hombre es un hpa. bre honrado. MENSAJERO. -Cé. sar y él son m á s amigos que nunca. ACTO II, ESCENA III MRNSAJERO. -Pero CLBOPATRA. -í l o y vas á hacer tu suerte. CLBOPATRA. -Me desagrada e s e e r o Pero es carcelero que guarda detrás de sí much: s malhechores. Te ruego que derrames- en mi oído todas tus noticias juntas y dé un golpe. Has afirmado que Antonio está con salud, en paz con César, y libre. MENSAJERO. -No he dicho que Ubre. Está ligado á Octavia. CLBOPATRA. ¿A Octavia? M B N S A J E R O A su lecho. CLEOPATR. -Aprésúrite á volcar t u s noticias en mis oídos, tanto tiempo cerrados. MENSAJERO (vacilando) -Señora... señora... CLBOPATKA. ¿Ha muerto Antonio? Si lo dices, vienes á matar á tu a m a ¡Este hombre es un miserable asesino! Pero di que está sano y libre, y ahí tienes montones de oro. Y aquí está mi mano para que te hartes de besar sus venas más azules. Estas manos que han besado con temblor los reyes. M E N S A J E R O -E s t á en paz. CLBOPATRA. -Respiro. Toma, toma ese oro. Dándole dinero. Más. Cuanto quieras. Pero explícate. También de los muertos suele decirse que están en paz. Si h a s querido decirlo así, todo ese oro que t e h e dado, tuyo será, pero fundido, fundido te lo haré tragar por la maldecida boca. M E N S A J E R O -Óyeme, CLBOPATRA (á su esclava Carmia) Carmia, ¿entiendes tú lo que dice? M E N S A J E R O -E s t á casado con Octavia. CLBOPATRA (furiosa y dando un grito salvaje) ¡Confúndante todos los rayos del cielo I (Golpea al mensajero. MENSAJERO (aterrado) ¡Se- ñora! señora. E U G E N I O SELLES P, Carceelo.