Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LAS PAJARITAS DE LAS NIEVES Se ha creído que la mujer es paño a, hermana del sol que dtr i los pámpanos, no resiste la escarcha del Septentrión, ni puede vivir bajo un toldo de nieve helada. ErrorI (profundo error! La mujer etipañola, especialmente la hija de Madrid, no sólo resiste, sino que domina las inclemencias de los climas más opuestos. Llevadla á Sajonia, donde apenas hay calor vital, y la veréis pisar gallarda la alfombra de hielo, que sólo aguantan los osos, como pifa los charcos ó la nieve de las ralles madrileña con zapato de baile y vestido de tul. ¿No la, habéis visto salir del Real en noche borrascosa, levantarse la falda con previsión exquisita y emprender la, travesía de las aceras, cubiertas de nieve o anegadas de agua? ¿Habéis visto á ninguna pedir auxilio? Por e. ito sin duda el eximio Pedro Antonio de AJarcón las designó T. y con el calificativo pintoresco de pajaritas de las nieves. y hermosas, tan viyas y apasionadas, dar la vida al amor en un t erno suspiro, en una ardiente mirada, no han podido imaginar dichos extranjeros que el hechizo de envoltura tan frágil tuviera resistencias de acero. Y sin embargo las tiene, como v y á demostrar. Por supuesto, que los que han formado tan pobre idea de nuestras mujeres no son españoles, son extranjeros touristes, de esos que se inflaman con una caña de manzanilla, y toman el rábano por las hojas antes de tomar las de Villadiego. A! ver á cnuestrasi mujeres, tan flexibles y esbeltas, tan ondulantes Entre los oficios, penosos y arriesgados, quizá no hay ninguno como el de cochero. Subido en el pescante, especie de cadalso donde recibe lenta muerte de inmolación ó pulmonía, no hay precaución que no tome para afrontar al enemigo. Levitón con trabillas y forro de bayeta; chaleco de ante ó de punto; esclavina y puños de piel de zorro; guantes de gamuza, impermeable, tí í: oaraguas, manta Y todo es poco en los días de nvierno, helados por los vientos leí Norte, porque el cochero tiene río. En cambio, como contraste singuar, vemos circular por el Parque, n milord, victoria ó landeau abier Jtt íS á las damas distinguidas é impreíp S sionables, á las flores de salón cria i a das en estufa, sin otro abrigo que el vestido de seda y un paletot (las jue lo llevan, pues la mayoría preéntase á cuerpo gentil gentil in- x