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Hft lili, II íW t... i, N ii la ii l i! íii; I, Í, M 7 I t x. asc? COSAS DE INVIERNO Si f 2 slí? S Todas las cosas del mundo son susceptibles de estudio, y no h a de eximirse de esta cualidad la ropa interior. Quizá h a b r á quien pueda escribir cuatro tomos acerca de La autonomía de Cuba en sus relaciones con los calcetines de estambre. Tal vez exista algún sabio que pudiera disertar sobre la Influencia de las chambras bordadas en los acumuladores eléctricos. Acaso no falte quien sostenga que la primera obra salida de manos de nuestra madre E v a fué u n par de calzoncillos de madapolán para su pobre marido (q e. p. d. y hasta pretenda demostrar que se valió para ello de u n a máquina Sínger. Yo no m e atrevo á tanto. Lo m á s que podría sostener es que el corsé, por ejemplo, guarda cierta analogía con el ejército, con ese elemento social consagrado á la defensa de la patria. Mas es el caso que por encargo de BLANCO Y NEGRO me veo en la precisión de decir cuatro vulgaridades acerca de la ropa interior. Y voy á decirlas. El estudio de las elásticas es muy. elástico. Yo empiezo por ignorar la diferencia que existe entre ellas, las almillas y las camisetas. Polo sé que cuando aprieta el frío se le presenta al que gasta cualquiera de dichas prendas ocasión oportuna de bendecir al Supremo Hacedor por que ha hecho brotar de la tierra fabricantes de ropa de abrigo. Las camisetas de punto se dividen en dos clases; catalanas é inglesas. Las primeras pro ceden de Cataluña. Las segundas también. Las hay pelonas y peludas ó guateadas. Con las primeras se siente uno sencillathente abrigado. Con las segundas se siente uno borrego provisional. Las hay de clase extra, que no sufren menoscabo con el uso, y en cambio las hay t a n malas, El termómetro y la ropa interior sostienen relaciones íntimas. Apenas se inicia el invierno, todo fiel cristiano está muy obligado, no sólo á tener devoción, sino también ropa interior adecuada á las circunstancias. E n el estío todo se hila m á s delgado. Transcurrido el otoño, los almacenes d e géneros de punto no s e le d a n de reposo para ofrecer al público prendas de abrigo, y en las casas particulares constituye u n a tarea importante para la señora la sustitución de lo fino por lo gordo en materia de ropa interior. Los t a n reputados calzoncillos de finísimo lienzo, las no menos apreciables camisetas sin mangas conocidas y las medias de puntos suspensivos, pasan á la escala de reserva, dejando paso á los trajes de franela, á las elásticas de pelo en pecho, á Jos calcetines como sacos d e noche y á los pintorescos chalecos del propio Bayona. E s decir, q u e con la ropa interior ocurre lo que con los partidos políticos. H a y turnos. A sí como existen conservadores afelpados y liberales de hilo crudo, tenemos turnando en el repertorio de nuestra indumentaria camisetas liberales que apenas nos dificultan los movimientos, y calzoncillos conservadores que aprisionan nuestras carnes alabastrinas. ¿Y saben ustedes en qué se parece la ropa de punto á los partidos gobernantes? E n que unos y otros hacen que no nos llegue la camisa al cuerpo. m Á a Á t-