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mo Gonzalo lo confesaba, según declan los bien informados; tratábase de una señora, insultada delante de Gonzalo, y cuya defensa había tomado éste hiriendo el rostro del villano ofensor ¡Lo que yo sentí! ¡En qué estado volví á casal I Qué noche pasé, querida Eosalíal Es de lo que no puede pintarse Aparte del terror de que matasen á Gonzalo, otra cosa me encendía Ja sangre y me atirantaba los nervios- ¿Los celos? preguntó Rosalía con malicia gozosa. ¿Quién lo duda? Figúrate que se venían á tierra todas mis ilusiones. Que Gonzalo no me quisiese, pase, y era mucho pasar; pero que quisiese á otra tanto, hasta abofetear á la gente, hasta iag 9, rse la vida Yo había estado soñando, por lo visto ¡soñando como una necia 1 Mi novio de los primeros años, mi oculto anhelo de siempre, ni se ocupaba de mí; por otra iba á cruzar la espada, por otra á quien secretamente también prefería ¿Quién era aquella mujer? ¿De qué silabas se componían su nombre y su apellido? ¿Soltera? ¿Casada? Casada de seguro, cuando tal misterio la envolvía, que Gonzalo se negaba á nombrarla... Y yo daba vueltas en la cama, y la almohada se impregnaba de lágrimas calientes Entonces me parecía estúpida mi resignación inconcebible, absurda mi obediencia, absurda mi boda; y apenas amaneció, me fui derecha al dormitorio de mi madre y me abracé á ella en tal estado de aflicción y de trastorno, que la pobrecilla (bien recordarás qué extremosa era en que rerme) me dijo así: Pequeña, serénate Voy á ver qué le ha sucedido al talabarte de mi sobrino Si está herido, te prometo cuidarle como su propia madre le cuidaría Herido estaba en efecto, pero no de gravedad; su adversario sí que se llevó una buena estocada, que á no resbalar en una costilla Así que Gonzalo pudo salir- -y fué muy pronto, -vino apresurado á dar las gracias á mamá. ¡Ay, Rosalía! jQaé impresión! Noté que me miraba vamos como otras veces yá las primeras palabritas que deslizó, estando los dos en el hueco de una ventana que daba al jardín no lo pude remediar solté la pregunta terrible- ¿Esa mujer por quien te has batido? Se puso encarnadísimo, lo cual me pareció mala señal, y contestó muy confuso y medio riendo: ¡Mujer! Sí, ¡una mujer ha sido la causa 1 Hice un movimiento para separarme, para huir (estaba furiosa, e hubiese pegado) y entonces él, con ese modo que tiene de decir las cosas, que no hay remedio sino creerle, exclamó: -Beatriz, no caviles A mí no me ha dado en qué pensar ninguna mujer sino una ¡que tú conoces mucho! Ea, no te alteres, no pongas esa cara Si no te burlas, te enteraré... El bárbaro á quien di una lección estaba injuriando- ¿á quién? pregunté con afán al ver que Gonzalo se paraba. -A ¡á la Virgen María! ¡A la Virgen María! repetí yo atónita. -Justamente Por mi honor, que es verdad Ya conozco que te parecerá raro Por eso no permití que se divulgase; más vale que se figuren otra cosa; así al menos no se reirán de mí no me llamarán Quijote- -Pero tú Gonzalo tú, Entonces, mamá, que dice que tú que tus creencias- -tartamudeé, temiendo asfixiarme de alegría. ¿Qué tienen que ver las creencias? -me replicó él casi con dureza. -La Virgen es una mujer y delante de quien tenga vergüenza y manos, á una mujer no se la ofende Rosalía callaba, sorprendida; Beatriz, conmovida, afectaba mirar hacia fuera, á los árboles despojados de hoia. finos como arborizaciones de ágata sobre el cielo puro. ¿Y después, sin más, os casasteis? -interrogó la amiga con picardía y sorna. -Sin más- -respondió con energía Beatriz. -Mamá dijo que Gonzalo, á su manera, tenía religión, tenía una fe el honor, ¿sabes? y que la Virgen haría lo que faltaba Y lo hizo, Rosalía Mi marido cuando yo voy á misa... no se queda ya á la puerta. EMILIA P A E D O B A Z Á N DIBUJOS DK M É K D E Z BRINGA