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B C rAFlIL LÜ ILll U LA r PAUTE (Maca segiimias partes fueron buenas) De los consejos que dio Don Quijote á los nuevos Panzas antes que fuesen á gobernar la Ínsula. En esto llegó Don Quijote, y sabiendo lo que pnsaba y la caleridad con que los autonomistas se habían de partir á su gobierno, con licencia de Moret, les tomó por la mano y se fué con ellos á su estanria con intención de aconsejarles cómo se habían de haber en su oficio. Entrados, pues, en su aposento, cerró tras sí la puerta y hizo casi por la fuerza que aquella me -X 7 dia docena de Sanchos se sentaran junto á él en unos como taburetes, porque pensó Den Quijote que para tallas tan chicas no eran menester más altos asientos. Acomodados todos, suspiró Don Quijote y con reposada voz les dijo: -Infinitas gracias doy al cielo, Gálvez amigo, de que antes y primero que yo hayáis encontrado con alguna buena dicha y os haya salido á recibir y á encontrar la buena ventura; otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían y no alcanzan lo que pretenden, y llega otro, y sin saber cómo ni cómo no, se halla en el cargo y oficio que otros muchos pretendieron; y aquí entra y cncají bien el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones. Vosotros, que para mí sin duda alguna sois un puñado de tres moscas, sin madrugar ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con sólo el aliento que os ha tocado de mi andante caballería, sin más ni más os veis Gobernadores de una ínsula, como quien no dice nada; y aquéllos que se bebían los vientos y otras cosas detrás de Weyler, de Apeztegu a y de Santos Guzmán, se quedan soplsn o la cuchara, sin poder asent irse, no ya en las flamantes poltronas recién hachas pnra vosotros, pero ni Eun en los humildes taburetes en que agora martirizá s vuestras posaderas. Todo esto digo oh Montoro! para que no atribuj -áis á vuestros merecim fntos la merced rrcibida, sino que deis gracias al cielo, que dispone suavemente las cosas, y después las daréis á la grandeza que en si encierra el oficio de la caballería andante que profeso. Dispuesto, pues, el corazón á creer lo que os he dicho, estad ¡oh hijos! atentos á este vuestro Catón, que quiere aconsejiros y ser norte y guía que 03 encamine y saque á seguro puerto deste mar proceloso donde vais á engolfaros; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones, más hondo, amargo y alborotado que ese golfo de Méjico donde en vano he buscado cotufas. Primeramente ¡oh hijos I habéis de temer á Mac- Kinley, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabios no podréis errar en nada. Lo segundo, habéis de poner los ojos en quirnes sois, procurando conocrros á vosotros mismos, que es el más difícil conocimiento que puede imag nars Del conoceros saldrá el no hincharos como la rana que quiso igualarse con el buey, porque bien á la vista está que no sois lo primero, y que aunque llegarais á