Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Ni- -H- f- sí í JÁ í i 0 í sj- lj m 7 mT 3 Á u t M CON JUAN PALOMO -I Qué tristeza tan. grande me produce oh mi señor D. Francisco 1, quiero decir, oh mi señor D. Juan Palomo! el encontrarle á usted solo y abandonado en esta cocina política que un día pareció la de la Tienda- Asilo; tal era el ntímero de raciones que condimentaba, de parroquianos á quienes servía y de golfos de todas clases que venían á oler donde usted guisaba. ¿Lo dice usted por eltiempo que estuve en Gobernación, ó por el que m llevó en Gracia y Justicia? -Lo digo por esos y otros muchos liempos pasados, durante los cuales no hubo plato sabroso en Espafia que no fuera condimentado por su afamada diestra, que lo mismo aliñaba unas judías en un puchero electoral, que exponía un timbal de diputados á la vergüenza pública. De usted y de nadie más que de usted fué aquel excelente cMonigote de Gracia patrón de todos los ministros de eíla y de Justicia que después hemos padecido. Nadie tainpoco como esa personilla para poner en huevos hilados las banderas de todos los partidos políticos abandonadas por los jefes. Vuela aún por el mundo la fama de sus húsares de Pavía, vulgo bacalao frito, manjar sabrosísimo de su especial condimento. Pues ¿y en platos montados? I Con decirle que todos los españole empezando pt r Silvela, le teníamos á U -ted de ese modo en las narices I- Ay las mías I Y ahorí j cuánta tristeza me produce, repito, verle á u ted sin pmcbes ni marmitones que obedezcan sus órdenes, sin el menaje de cocina necesario, y aun sin fogón á propósito (pues la cancha de un juego de pelota servirá, á lo samo, para freír criadillas) verle, digo, entregado ala elaboración de un pastel de liebre sin Weyler Bien dijo el poeta que dijo 1 Cómo cawí eaw los tiempos! E a ceñor periodista, por mucha azúcar de remolacha que uno lleve en la sangre, hay ciertas cosas que no pueden ni deben tolerarse. Que tenga yo pocos ó muchos correligionarios, en último término, ¿qué le importa á usted? Me he quedado sin pinches ni marmitones, cierto; pero, repito, ¿á usted qué le importa? No tengo cacerolas ni sartenes, verdad; pero ¿á usted qué le importa? ¿Va usted á comer lo que yo guise? -Es que como usted nos amenaza á todos con un pt. s tel de liebre sin Weyler- -I Porque él es la esperanza de mi repostería! -A propósito: B ese que tiene usted en el horno? -El mismo. -Pues se le ha pegado á usted. ¿Que se me ha pegado? ¡Bendito sea Dios! Yo que tenía un miedo tan grande de que también ese se me despegara! Pruebe usted un poquito, sea usted amable- -Vaya, señor Palomo, haré la razón, j Caramba, sabe á Correal- -No puede ser. ¿Por qué? Porque Correa no sabe nada. ¡Como que por eso le trajeron de Zaragoza! -Bueno, así será. Pero hablemos de sus proyectos de usted. ¿Usted tendrá proyectos? ¡Así tuviera tantos diputados en las futuras Cortes 1- -Dígame usted uno. -Pienso montar un establecimiento público- 0o n señoritas del Coinf Eso ya lo ha hecho Silvela. ¿Silvela ha puesto un Coin con señoritas? -Precisamente ponerlo, no; pero acaba de decir en el meeting de Badajoz que las mujeres son esencialmente conservadoras, y que asi como entre los hombres es necesaria la selección, entre las mujeres es indispensable el Com. -A pesar del odio con que le distingo, he de reconocer, amigo mío, que eso está muy puesto en razón. Pero mi et tablecimiento nada tiene que ver con el Coim, de las sefitiritas. Mi establecimiento es ó será un restaurant magnífico. ¿Con Weyler en el compfoirf -Si acepta, -bueno; si no, pondré á Borrero. De la cocina, dicho se está que me encargo yo. Guisaré desde los callos populares hasta las alondras trufadas. -Vamos, si; desde los guardias de orden público hasta los gentiles hombres de Cámara. -En mi bodega habrá de todo. Desde el peleón de las discusiones del Congreso, hasta el Cháfeau Montón, marca favorita de la mayoría del mismo. En mi restaurant se servirá á todas las horas del día y de la noche, y los parroquianos se podrán llevar los cubiertos. Habrá también música, aires populares: el Himno de Eiego, a Pitita, la Marseliesa, la Marcha Eeal, lo que el públiro pida; y los jueves y domingos, días de moda, adeniás de los pepinillos, se servirán pronunciamientos én vinagre. ¿Qué le párese á usted mi proyecto? Magnífico, pero me temo mucho, ¡oh mi señor don Francisco! que á pesar de tan legitimas esperanzas, sea usted solo el que se coma los callos, el que se beba el peleón, el que se lleve los cubiertos, el que oiga la Marseilesa y el que devore Jos pronunciamientos en vinagre. Solo no, porque Borrero estará en el comptoir. -Bueno, él en el comptoir, y usted sin podérselo contar á nadie. Oiga usted mi consejo, Sr. D. Juan Palomo: dice un refrán que cada cosa en su tiempo, y los nabos en adviento El tiempo de usted pasó ya. Sustituya, los nabos por la remolacha, declárese en adviento perpe tuo, 1 y al Eomeral á elaborar azúcar, y que usted la fabrique y usted se la coma! GISTES DE PASAMONTE.