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SIL VELA EN BADAJOZ Dado el actual estado de reposo en nuestra política interior, el viaje del Sr. Silvela á la capital extremeña ha sido nota culminan te en la última semana y asunto á que los periodistas se han agarrado como á un clavo ardiendo. Verdad es que el anunciado discurso, en vísperas de elecciones y en medio del fatal estado á que llegara el viejo partido conserva dor, no dejaba de despertar iiitfrés, mucho más á raíz del discurso pronunciado por el Sr. Pidal, especie de invitación para la Unión Conservadora, que ya puede considerarse como un hecho. Efectivamente, el discurso de Silvela en Badajoz no es más que el complemento del pronunciado por el Sr. Pidal en la apertura del Círculo Conservador de esta corte. Suavizadas antiguas asperezas, unidos ante las desdichas de la íSi hoy no tenemos orijanizacióii ünic es necesario lle- íar d ella sin precipitación, respetando la dii nidnd de todos. Huy q ae tener présenle que el tiempo no respeta lo ligero, lo superñcial, si io sólo aquéllo que se realiza con su coACurso. íNo son éstos días de cotiihaíe, porque el primer deier, antes de juzgar á los demás, es constituirse, y este deber es muy urgente por la posibilidad de uia gran catástrofe, que Dios quiera alejar de nosotros. patria los que hace unos meses no podían estar más distantes, aparece hoy realizada por obra de las circunstancias y del tiempo la obra ea que fracasó el general Azcárraga cuando estuvo al frente del Gobierno y del partido conservadores. Este sacrificio, abdicación, generosidad ó como quiera llamársele, del Sr. Silvela, ha sido juzgado muy diversamente por la opinión y le ha enajenado desde luego las simpatías de muchos periódicos que desde antes de la muerte del Sr. Cánovas venían animándole á la fundación del joven partido conservador sobre elementos nuevos completamente opuestos á todas las tendencias de la vieja política conservadora. El tiempo dirá si resulta útil para el país, al ñn y al cabo, este -lNo comideraré dt- fraud i i j ramas si en el resto de mi vida dejo algo en losprogresos de la vida poiítici d vii ais, aunque sea la décima parte de lo h. chol revoque del antiguo partido que durante la Eestauración y la Regencia alternó con el fusionista en el turno pacifico del poder, ó si hubiera sido preferible la radical transformación que para la política española presagiaba la campaña silveliata de este verano. Mas como no es nuestro intento, y mucho menos nuestra misión, discutir el mayor ó menor alcance del acto del Sr. Silvela, limitámonos, como de costumbre, á dar gráficamente por medio de la fotografía lo que nuestros colegas los diarios dieron en su información postal y telegráfica. Los tres retratos del ilustre orador que adornan esta plana reproducen las actitudes del Sr. Silvela en los párrafos más culminantes de su discurso.