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Llevé un domingo á mis chicos á ver una novillada, y desde aquel fausto día ya no hay quien pare en mi casa, pues los soldados de plomo, las muñecas, las tartanas, los cacharros y los juegos que antes les entusiasmaban, han pasado á la reserva: ¡no les divierte ya nada más que lidiarse á Sí propios por tarde, noche y mañana Entre ellos y seis vecinos que de diez años no pasan, y que son de la epidermis de Luzbel (según declara su madre, que es andaluza, histérica y literata) revuelven mi domicilio, se figuran que la sala de recibir es el ruedo, y allí corren, bufan, saltan, vociferan, riñen, brindan, patalean y se arrastran, fallecen y resucitan, relinchan, mugen y rabian. Las mesas son burladeros, las sillas son andanadas, y el palco del presidente un sillón de seda grana. Han puesto (sin picardía) sobre mi cuarto una tabla con un letrero que dice Toril, en letra muy clara, y han puesto Caballeriza sobre la alcoba del ama. Pilar suele ser la reina, Luis el rey, Carmen la infanta, Kóque el teiiiente de alcalde, y los demás son espadas, banderilleros, peones, picadores, monos, jacas y toros; y se divierten armando una zaragata que vuelve loco á cualquiera en menos que un gallo canta. No bastándose ellos so os, torean á la criada, que, según puede notarse, no deja de tomar varas; y á veces hasta yo mismo, sin saber lo que me agaarda, al salir de rb. i despacho recibo un par de cornada Lo más curioso es que suelen armar una riña bárbara al repartirse los cargos, cosa que á mí me hace gracia, porque hay quien quisiera hacer al mismo tiempo en la plaza de presidente y de muía, y, por supuesto, no falta chico que indistintamente es vendedor de naranjas, alguacil, rey, timbalero, cabestro ó primer espada. En fin, así se divierten los chicos; pero ¿qué pasa? que me ponen las alfombras y los muebles que da lástima, y habré de dictar un bando que diga; ¡Señores, basta! Desde hoy quedan suprimidos los cuernos en esta casal JUAN PÉREZ ZÚÑIGA DIBUJO DE R M A K Í N