Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
maariiengs Cogí la pluma con verdadera alegiía, querido amigo, para darte la noticia de que Madrid come más cada vez, á juzgar por el aume; ito de la recaudación de consumos, y cuando ya me disponía á pedirte albricias por esta nueva que hace honor á nuesIros estómagos, ocurrióseme de pronto la triste reflexión de que Madrid, aparte de Ips artículos que se aforan y adeudan derechos de entrada, se ha comido tres teatros: Novedades, el Cómico y Eslava. Tres teatros que han cerrado sus puertas cuando abría las suyas el Año Nuevo; tres teatros que se paran en firme en el arranque de la cuesta de Enero, terrible cuesta á cuya terminación el Caballo blanco más nutrido y robusto parece rocín de la pica, y sea dicho lo anterior sin agraviar á ningún respetable empresario. Sí, amigo mío, este Madrid, qiie en buen hora dejaste tú, no devora únicamente apetitosos manjares, se come un teatro como quien masca un pollo, y terminado su festín arroja despreciativamente los huesos, los huesos de los actores, ó los actores en los huesos, como tú gustes, á la acera de la calle de Sevilla, verte, dero donde van á parar en pintoresco consorcio novilleros sin plaza conocida, actores sin teatro disponible y cesantes sin esperanza de. volver á la nómina. Cuando por esa céntrica calle pasa, cesta al brazo, el consabido yendedor ambulante que pregona fChuIetas de huerta I ó sean patatas asadas al horno, se percibe en el aire olor á apetito. Ves narices que se alargan, miras bocas que se abren, adivinas brazos que se tienden instintivamente, y dejando en pos suyo la cohorte famélica estremecida y encrespada por el hálito de una revolución, el vendedor de las chuletas de huerta sigue indiferente su camino, añadiendo para hacer más deseada su sabrosa mercancía: 1 Queyiíweffi que vanyMmeawio í Y I ay! los que j M íe M son novilleros, actores y cesantes. Pues á pesar de todo cuanto llevo dicho, has de saber, amigo de mi alma, que los consumos. madrileños suben, y no suben como cuando los administraba el Ayuntamiento, con alza engañosa por voluntad de un alcaide, quien á trueque de lucirse no tenia inconveniente en pactar alianzas con los introductores fraudulentos; suben sin duda por el mayor rigor que los dependientes de la Compañía arrendataria ernplean en la persecución del matute menudo y suben porque Madrid, á lo qíie parece, desde la entrada, en el poder de los liberales come muchísimo más que antes, j Ya lo creol ¡Con el hecho sólo de sentarse á la nómina los vocales de los comités que formaron Aguilera y Eómanones, el censo de las bocas que mastican ha debido tener una alza considerable I Cuenta también, si gustas, para explicarte el aumento de la recaudación, que la poca política que hoy se hace, se hace comiendo; y con aquel dato de los vocales fusionistas y este otro dato, ya tienes el misterio aclarado. Cuando vino á Madrid de Antequera Romero Eobjedo, dijo á sus amigos, trazando todo un programa político: No sé dónde iremos, pero nos vamos á divertir mucho. Debió pensarlo luego mejor, y reformó el programa, cosa que nunca le ha sido difícil, en los siguientes términos: No sé dónde iremos, pero vamos á comer atrozmente. Y aquí lé tienes, mi querido amigo, siempre de servilleta prendida: banquete en Lhardy, banquete en su casa, banquete en el domicilio de un correligionario; banquete ayer, banquete hoy, banquete mañana. I Claro, no ha de subir la renta dé consumosl Por supuesto, en todos esos banquetes hay un sitio reservado para el general Weyler; éste unas veces se hace el interesante y otras veces se digna corresponder á la invitación de los romeristas. De él se preguntará dentro de poco como de los Conchas se preguntaba: ¿Come el General? Porque si come, no hay duda de que al fin le conquistó Romero; mira tú lo que son los adelantos políticos: ¡ya mueren por la boca los generales y los peces! Pero no anticipemos, hablando de política, el Carnaval, harto anticipado por las empresas de los teatros de la Zarzuela, Parish y Moderno, que ya anuncian sus consabidos bailes de disfraces. ¡Oómol dirás. Aún no acabado el estrépito de Navidad y aúa ño sanadas las indigestiones que el turrón produjo, ¿ya pensáis el Sailes de máscaras? Sí, amigo mío; dentro de pocos días, antifaces y caretas harán su aparición en los mostradores dé las tiendas donde se alquilan disfraces. Las mismas caretas de todos los Carnavales haciendo los mismos estúpidos gestos; la tontería humana, á pesar de su difusión, es horriblemente monótona, Y aparecerán también, las noches de baile, én esos escaparates los capuchones de siempre con sus cintas ajadas y sus colores desteñidos, los mismos del año pasado y de los años anteriores; capuchones que por su venerable antigüe dad ya no ignoran nada, salvo las proporciones del cuerpo de una mujer virtuosa. Recuérdalos hoy én tú pueblo como aiites en Madrid los mirabas, y irecuerda también lo que de sus colores entonces deícías: No se puede asegurar que aquel dominó sea azul ni aquél amarillo; aquél es casi azul, casi amarillo éste; sus colores son colores con tacha, como la virtud de las jóvenes que buscan marido en la cuarta plana de los periódicos. Pues de la alegría de los bailes de máscaras puede decirse lo mismo: no es una alegría franca, abierta, sana; es una casi alegría, una alegría con iachá. Y basta ya, amigo mío, que empecé esta carta como gastrónomo y la termino como moralista; la empecé como ha empezado Romero á formar su partido Y no es cosa de que la concluya en las soledades del Romeral y moralizando. Deja, pues, la pluma, y te abraza tu amigo JOSÉ DE E O U R E á un amigoproümciano.