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LAS PETENERAS Lo flamenco, así en el cante y el baile como en la indumentaria y en las costumbres, ni es meramente andaluz, ni exclusivamente gitano, sino una mezcla de ambos Se agachonaron (se andaluzaron) algunos cantaores y hailaores de la raza gitana; se agitanaron otros andaluces, y de la siguiriya y el martinete de aquéllos y de los cantos l opulares de éstos nacieron las tondas, las Manas, las cañas y los polos, cantes que ni- e escuchaban en la clásica fragua del heiTero, ni se oían en laa calles y en los campos, donde la sanísima gente del país canta- in mira de lucro, sino sólo por lo que ella üce en estas coplas: JÜ Cantaré, que estoy alegre como la fresca mañana; algún día lloraré, que ahora no tengo gana. í Quien canta su mal espanta, y aquel que llora lo aumenta; yo canto por divertir penillas que me atormentan. Entre los que á mediados de este siglo cantaban, no para divertir sus penas, sino para buscar. V. se la vida, ya asistiendo en tertu s ip Í C lias de gente de buen humor, ya f alistándose en las compañías que solazaban al público en tabernas y cafés, figuraba, con muy bien ganado derecho, la Petenera, de cuyo nombre de pila no se ha conservado memoria. Había nacido en Paterna de la Eibera (provincia de Cádiz) cantaba como los propios ángeles, al decir de los aficionados, y la llamaban la Petenera, porque áepaternera dicen los andaluces patehnera (algo aspirada la hacht) y depatehnera á petenera va un paso corto, que mis paisanos salvan muy fácilmente. La Petenera, sobre que inventó el agradabilísimo canto que llevaba su nombre, y que no se parece gran cosa al que lo tiene en la actualidad, debía de ser muy guapa moza. Bien pudo Juanelo, famoso cantaor jerezano, que la conoció y la admiró, hablar del físico de ella á mi buen amigo Machado y Álvarez, maestro en materia de olk- lore, ya que le enteró de muchos otros pormenores interesantes para la historia del arte flamenco, no escrita aún á estas horas. De que la Petenera fué una. jembra juncal dan testimonio estos cantares, seguramente inspiraciones de amantes desdeñados y de mujeres celosas: y I Petenera de mi Mal ¡Petenera er corasent Por cmrpa e la Petenera estoy pasando doló. No sé dónde ni cuándo murió la Petenera, pero sí que sn muerte fué muy sentida, á juzgar por esta otra copla: íXffl Petenera se ha muerto y la llevan á enterrar; en el panteón no cabe la gente que va detrás. Quien te puso Petenera no te supo poner nombre, que te debió de haber puesto la perdición de los hombres. y I La Petenera malhaya y quien la trujo á esta tierral Que la Petenera es causa de que los hombres se pierdan. Ya lo indiqué: á las peteneras primitivas se parecen muy poco las que ahora se cantan. Había en ellas, más que en ellas en su acompañamiento, algo del Punto de la Habana y no poco de la popular canción de M paño moruno, como echará de ver el lector curioso en el tomo V de mis Cantos populares españoles, en cuyas páginas 128 y 129 copié esa antigua melodía, fíe aquí una de las coplas que con más frecuencia cantaba aquella mujer: Me miro de arriba abajo, y aluego te miro á ti; alegría me da el verte, y peniya el verme á mí.