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LA JOTA EEO que es Mantegazza quien, hablando de la mímica como expresión de los afectos y movimientos del alma, dice que la alegría es centrífuga, mientras que la pena es centrípeta. Efectivamente, el ser apenado parece recogerse en sí mismo y vivir sólo para su dolor; los tristes se arrinconan, su cuerpo se recoge, sus manos se aprietan queriendo fundirse, todas las líneas del rostro diríase que pugnan por recogerse en un haz, y de ahí la cara larga de los melancólicos. La alegría, por el contrario, es abierta y expansiva; el alma alegre se manifiesta en una mímica general de todo el cuerpo, en la sonora carcajada que dilata el rostro, en las manos que palmotean, en los pies que dan zapatetas, en saltos y brincos, en ruido y algazara, porque todo ser alegre parece multiplicarse y extenderse, como da á entender esta frase popular; la alegría no le cabe en el cuerpo Así es que, no por hábito ni por costumbre, sino por ley natural, el baile es la expresión más acabada y perfecta de la alegría. Echarse á bailar es el acto instintivo de quien recibe una alegre sorpresa. Siguiendo, pups, la teoría de Mantegazza, muy ingeniosa y muy exacta al mismo tiempo (casi siempre el ingenio no es más que fina observación) poderros decir que la aparatosa mímica del baile es la más alegre, porque es la más centrífuga; y esto admitido, añado yo que la Juta es la más alegre de las danzas, j) orque su mímica es la más centrí- fugáde todos los bailes. Dejemos aparte las danzas deL Norte, demasiado lentas y ceremoniosas, coino cumple al carácter de la raza y al medio ambiente del país; pero aun los bailes orientales y del Mediodía no exigen el radio de acción que necesita para bailar bien una buena pareja de bailadores aragoneses. E n e s a s danzas- de que hablo hay más voluptuosidad que alegría, más gracia que expansión, más elegancia que espontaneidad. Concedo, pues, de buen grado á todos los bailes populares cuantas hermosas cualidades quieran; la distinción, la elegancia, la í? a el encanto, la gracia, con tal de que dejen á nuestra jota la cualidad que para ella reivindicí: la alegría. En la danza oriental y sus similares españolas cimbréase el talle, ondulan los brazos, agítase el cuerpo en movimiento graciosísimo, que si hubiera de representarse en una curva tendría signo adecuado en una hélice. La jota, sin tanta gracia, tiene más expansión: los brazos siempre abiertos, las. piernas siempre separadas, todo el cuerpo en continuado movimiento de traslación, que podría representarse en la curva más sencilla y más franca; el semicírculo, es decir, la curva de la tierra, del cielo y del sol. Algo tendía la jota cuando con ella acaban todos los poutpourri de aires populares; con la jota terminan las- serenatas lo mismo en Aragón que fuera de él; la jota es, final obligado de toda zarzuela cuando es el músico y no el escenógrafo quien se encarga de la apoteosis. Mas no es ésta la jota cuya descripción me han encomendado, sino ajotica del pueblo, modesta y sencilla, bailada por las baturras y loa matracos, cantada por los quintos del Jugar, musicalmente chapurreada por cualquier mozo; y digo. paalquiera porque hacer raw raií en la guitarra para que, bailen no es ninguna cosa del otro jueves. Lugar de la escena, poned cualquiera; si es, vera. no, laplaza del pueblo; si es invierno, el patio de la posada. Los mozos con el cacherulo á la cabeza, suelto el ajustador y bien aladas ¡as alpargatas, se acercan á las mozas de aparejo redondo y, las invitan, á. bailar, ofreciéndoles la mano dura y callosa. Ellas alargan la suya pulimentada en el lavadero, y cogida de la mano llega la pareja al centro del corro, donde la moza se desprende, dando una, vuelta bajo el brazodel baturro. Quedan ambos. frente á frente; ella con les brazos en jarrasy él subiéndose la iaja, po atrás y po alante con las manos abiertas, y como si no aguardaran otra cosa, los tañedores, rasguean los cuatro acordes preliminares de la jota y empiezan á puntear éota con las púas sobre el cordaje de las vihuelas. jYa se armól La jota es contagiosa, y aumentan las parejas que es un gasto. Oyese el chasquear de los dedos ó el castañeteo de a. a ptdgaretas que agitan las manos de los bailadores; ellas con los brazos hacia abajo, acariciados hasta el codo por el fleco del mantoncillo; ellos con los brazos en alto, las piernas ágiles, la faja medio suelta por el vivo movimiento del baile, y siempre separadas las parejas, hasta que se oye la piimeía canta: Las cuerdas de mi vigüela yo te diré cuántas son; prima, segunda, terrera, cuarta, quinta y el bordórr. Mientras dura la copla, las parejas se unen y bailan agarradas; cuando acaba, la moza da la vuelta de rigor bajo el arco que forma su brazo con el de su pareja, y ambos reanudan el baile frente á frente. Y sigue la animación y el bailoteo. Los mozos, en el momento oportuno, es decir, después de la copla, se van sustituyendo unos á otros frente á la baturra, que sigue bailando, sin parar, con todo el que se pone por delante. Corre el porrón de mano en mano entre los circunstantes, y además del porrón con vino de Cosuenda, las copas de anís de Escatrón y su miaja de confitura. Empiezan las cantas de risa que es como decir qne la fiesta ha llegado al colmo de su alegre barullo; los mozos se limpian el sudor con sus moqueros azules, las mozas siguen sin reblar, el tocador tampoco rebla á pesar de haberle saltado la prima, y un alma caritativa, que ha visto por el ventano los primeros y cárdenos resplandores del alba, canta por fin: Me despido de tu puerta que por las tardes se va como el sol de las paredes, y por las mañanas vuelve. Y esto es lo que se llama en Aragón cuna miaja é jota LUIS ROYO VILLAKOVA DIBUJOS DE MÉNDEZ BIÍINGA Y Ü N C E T Á