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tro oído notas de ritmo origina sugestivo, que la pluma difícilmente alcanzaría á explicar, pero que sí encuentran rt flejes en esa armonía vaga, melancólica del punió cubano, que aun sin palabras revé a exactamente las dulzuras de ciertos sentimientos, u n o d e los m á s puros en que se inspiran los guajiros. 1 Felices tiempos aquellos en que loa campesinos de la perla del Mar Caribe, cantando trova tras trova, décima tras décima, pasaban las tardes de los domingos I Felices, porque les dejaba el afán de una vida sobrada, sin quebrantos, reunirse en alegre bachata, y al son del tiple, bandurria, guitarra y güiro solazarse también con las expansiones de su baile favorito, en el que descollaba la gentil guajirita, cuya hermosura ea para la belleza lo que la clavellina entre laa flores, lo que el iris para la luz, y cuyo corazón sencillo entreabríase á los inefables efluvios de éxtasis amorosos sentidos por el fornido y gallardo Mo íro, dueño del sombrero de empleita c o n q u e se cubría la artística cabecita, abundosa de largos y negros cabellos. Rompía la bonita pareja el zapateo casi siempre en el batey del limpio y cuidado rancho, bajo la sombra de esbeltas y frondosas palmas y ceibas, que protegían á los que bailaban, como al extenso corro de acompañantes sentados en taburetes, del calor sofocante, al igual que protegía á la infinidad de pajaritos, cubiertos de plumajes de zafiros, rubíes, esmeraldas y turquesas, tornasolados unos, semejantes otros á lingotes de plata, manchados los más de matices vivos recamados de oro, y que en pugilato con los instrumentos musicales, gdrjeaban desde las copas de los átbules y libres volaban al calor de la vida exuberante, que en esa estrella de Occidente palpita I k n a de voluptuosa languidt- z y al ritmo de armonías y delicias indescriptiWes. f 1 4 Si VI y v f r i V i V r h r A- TOd- Vv, V Risueños tiempos, repetimos; en éstos de ahora, guajiros, ranchos, cantos, bailes, bienandanzas, dichas, alegrías, todo, todo se halla envuelto por horribles negruras y atmósfera de sangre y ruinas. Olvidemos tamañas tristezas que angustian el alma. ISlada es perecedero en este mundo, y por seguro tenemos que en breve la bienhechora paz renacerá por siempre; que la abundancia retornará al benéfico influjo de la tranquilidad, para que vuelvan sobre aquel hermosísimo pedazo de nuestra querida tierra, con el cariño y respeto de todos sus hijos á esta noble madre patria, las bendiciones del cielo. FEDEKICO DE M O N T E V E R D E DIBUJOS DE BLANCO CORIS Y MÉNDEZ BEINGA