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EL AURRESKU s el Aurresliu la más típica y también la más conocida de las treinta y seis danzas vas congadas. Su aspecto guerrero revela un origen primitivo. Su parte ceremoniosa tiene algo de reminiscencia del minué francés; pero es innegable su pureza vasca. Refléjase en ella de tal modo el carácter de la raza eusljara, que no cabe dudar de la legitimidad de su origen. Sólo en seres de tan salvaje independencia histórica, cuyas inexpugnables fortalezas dióselas liechas la mano de Dios en forma de inaccesibles montañas, de costumbres tan graves y patriarcales dentro de su, instinto indómito, de amor tan exagerado á lo suyo y de respeto tan grande á lo que simboliza autoridad y l Oderes propios; sólo en seres de esta condición se concibe una danza que es á la vez un simulacro guerrero, un tributo de cortesanía y u n homenaje á la autoridad, erigida nte los danzarines poco menos que en ídolo, trayendo á la memoria recuerdos de las anzas paganas ejecutadas delante de sus altares. Jovellanos dijo del AurresJcu que en él puede ver el filósofo el origen de aquel cannr. franqueza y genial alegría que caracteriza al pueblo que las disfruta, y aun también de la unión, de la fraternidad y el ardiente patriotismo Ue reina entre sus individuos Por cuatro nombres es conocida esta originalísima danza. Aurrtsku 6 primera mano, por el gran papel que en elia desempeña el que la dirige. Eskudanza 6 baile de mano, porque las parejas salen con las manos cogidas. Baile real, por su importancia y solemnidad. Y Zortzico ú octava, porque todas sus partes constan de ocho compases. La primera autoridad del pueblo es indispensable; porque en eí- te país el alcalde no es solamente el que manda; es el padre cariñoso que se asocia á sus hijos en sus alegrías como en sus desventuras. El alcalde, pues, otorga el permiso para la ejecución, preside siempre y dirige muchas veces. Los jóvenes que forman una tanda van cogidos de la mano, y formando círculo, á colocarse delante de la autoridad. El jefe de flla ó primera mano (aurreslcu) tira al suelo la boina y saluda al alcalde con saltos y vueltas á son de tamboril. Corresponde éste al saludo, y el aurresku vuelve á colocarse á la cabeza de la cadena, que da una vuelta á la plaza, parándose delante de la moza que el jefe elige para pareja. La invitación se hace con primorosas piruetas y trenzados. Cuatro de Jos danzarines salen de la cadena, y, boina en mano, acompañan á la e egida al centro de la plaza, donde el aurresku vuelve á obsequiarla con nuevos saltos y vueltas, la boina en una mano y los brazos en jarras. Cogidos de los dedos ella y él entran en flla, dándose la punta del pañuelo, porque en este baile no se dan las manos hombres y mujeres. Sirven de eslabones los pañuelos de las muchachas cogidos por los extremos. Cuando termina este paso, el atzescu ó última mano elige pareja en igual forma. El aurresku y el afzescu eon los que dirigen el baile, y saludan á las elegidas de sus compañeros, haciéndolas los honores cuando las van sacando. Es condición indispensable en la mujer una gravedad de estatua. Sigue el zortzico, dando vueltas la cuerda, parándose de trecho en trecho y luciendo el aurresku nuevos trenzados y nuevas piruetas. Viene después el pasamano, el desafío, e fandango, con el cual se simula la alegría del triunfo, y por líltimo la danza frenética, el ariñ- ariñ vivo vivo! especio de galop desenfrenado, en el cual todas las parejas parecen ata -ad a i de convulsión epiléptica. En otros tiempos solía seguir á esta fiebre final el toque de Ángelus. Descubríase todo el mundo, murmurábase una oración; la autoridad, precedida de los tamborileros, daba una vuelta á la plaza en son de despedida, y el pueblo desfilaba alborozado haciendo resonar en las montañas el eco de su alegre ¡ujujúl Consta el Aurreskii Sinfonía de ocho tiempos, á cada uno de los cuales podría dársele un titulo, como le tienen los de la Pastoral de Beethoven.