Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
2 aDm SÍAAl 3 ílA SWWaELBS Cierto músico italiano, gran defensor de las melodías patrias y acérrimo enemigo de los procedimientos wagneristas, hubo de venir á Madrid á fines del afio 95. Cenó solo y en un café la noche de Nochebuena, y sin duda el Valdepefias ó el Rioja que le sirvieron tenían más fuerza alcohólica de la que podía soportar su cabeza, pues á las primeras horas de la madrugada llegóse á la Central de Telégrafos y expidió á Milán, donde residía su familia, el siguiente disparatado telegrama: cMe equivoqué de pueblo. Creí estar en Madrid, y estoy en Bayreuth. Compadecedmel- -jFttíaMÍwí. i El infeliz artista había oído el estrépito de zambombas, tambores y rabeles que suena en Madrid la noche clásica de las alegrías bullanguera y entre el agrio Valdepeñas y su más agria antipatía por las hermosas creaciones del gran maestro a emán, sugiriéronle aquel estrambótico y alarmante despacho que tuvo á una respetable familia milanesa sin poder comer con tranquilidad sus macarrones durante una semana. Bueno; pero sin ser italiano ni músico, pregunto yo: ¿por qué la más hermosa fiesta de la cristiandad, la de! nacimiento del Mesías, ha de ser tan amable con el estómago y tan huraña con los oídos? ¿Por qué dispone para el primero liermosas aves, sabrosos peces y ricos mazapanes, y para los segundos gruñidoras zambombas, roncos tambores y desafinados rabeles? Gloria da el ver en improvisados puestos callejeros y en permanentes tiendas de ultramarinos cuanto puede soñar un gastrónomo en la oposición y devorar en el poder, dado caso de que los verdaderos gastrónomos supediten sus estómagos á los azares de la política, y espanto da el mirar junto á aquellos mismos puestos tan simpáticos y atractivos otros puestos de tambores, zambombas, parfderetas, pitos y rabeles, los cuales, apiñados y silenciosos, parecen guardar el sueño de un miisico loco. Al pasar al lado de tan amenazadores instrumentos se pisa quedo, temblando de que despierten y suenen. Y sin erñbargo, son la alegría, y la alegría más simpática; la alegría de los niños, un poco desafinada, es cierto; pero los niños, para el placer y para el dolor, reniegan de la armonía Lloran á gritos, ríen á carcajadas y no conciben fiesta sin ruido. Navidad sin tambores. Ert todo pequeñín, al llegar los últimos días de Diciembre, surge el germen de un músico, y mientras el germen se desarrolla y el pequeño crece, la vecindad le aguanta. Después suele s r peor, porque muchos de esos chiquillos que hoy tañen la zambomba ó golpean el parche, andando el tiempo escribirán zarzuelas; las verdaderas vocaciones nunca mueren en flor, desafían los rigores del sarampión y del garrotillo. Pensando un día qué castigo habrá dado Dios á aquel infame HeroMes, verdugo de la infani- ia, imaginé que el mayor con que puuo afligirle fué resucitarle todos los años por la época de Navidad en forma, de vecino de los barrios bajos madrileños. ¡Bien vengada quedaba de ese modo la sangre inocente que derramó! En los barrios bajos de Madrid, donde radica la célebre parroquia de la Chinche, llamada así, con perdón, por la fecundidad (que Dios aumente) de sus feligresas, no hay estos días chico sin tambor, sin rabel ó sin zambomba. Luego, como la música es nn gran elemento de sociabilidad, todos esos simpát os granujillas forman asociaciones ó bandadas musicales, y el infeliz que tropieza en su camino con a guna de ellas, entra en el año próximo con las manos puestas todavia en la cabeza, que es, después de todo, la única manera que nos queda ya á los españoles de ir entrando en los años venideros. En fin, como dice consabida copla, La Nochebuena se viene, la Nocliebuena se va, y todas las NochebuenaiS traen á las calles de Madrid sus estrepitisas di onancias de zambombas, tambores y rabeles. Pasan los días de Pascua, el estrépito va menguando como el ruido de un regimiento de artillería rodada que se aleja, hasta que al fin el día primero del afio nuevo se rompe el parche del ú timo tambor que aún permanecía indemne en manos de chiquillo. Este se echa á llorar, y entramos tambaleándonos en el noventa y ocho como ciegos qué llevan de lazarillo la esperanza. y sin acordarnos del estrépito pasado, decimos candidamente: Me zumban los oídos. ¿Será que van á venir buenas noticias de Cuba? Josi DE. ROURE DiBXi. ro DE BLANCO CORIS