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PORTE PAGADO Hay cosas que no se pagan con dinero. La forzosa agencia de negocios qiie cada diputado á Cortes ha de tener montada en Madrid para cumplir los encargos de sus electores, los servicios menudos prestados por el madrileño á sas amigos de provincias, las. gestiones hechas para lograr esta pensión, aquel título académico ó la otra recomendación autógrafa de tal ó cual personaje, las compras por encargo y demás pequeñas molestias que lleva consigo la vida en Madrid, son cosas imposibles de apreciar en vile mprieta; servicios á la amistad, que exige estos sacrificios mutuojí cuando la mutualidad es posible. Porque un día nos escribe, verbigracia, un amigo de Tembleque pidiéndonos poco menos que la luna, y dice al final de su carta: Los amigos son para las ocasiones. Hoy por ti y mañana por mí. Hoy por él, bntno! y mañana por él también Porq ie ¿cuándo voy á necesitar yo nada de Tembleque? A no ser que esto de la autonomía quede de moda, y al otorgar Constitución autonómica á la. Mancha, se establezcan en Tembleque las Asambleas legislativas coloniales ó el Gobernador general en Consejo. Mientras esto no suceda, el pobre madrileño tiene que estar constituido en sesión ó en encargo permanente. Pero el mundo no está formado de ingratos. Cuando llega esta época del año, y el frío aumenta el apetito y los escaparates avivan la gula, recibe el madrileño por el correo, no la partida de bautismo ni la cédula personal del interesado, sino el papelito blanco, amarillo ó rojo, donde puso el factor del ferrocarril; JPorfe ja otío. Es el consabido regalo de Navidad. La ofrenda que una boca pedigüeña pone sobre el ara de la amistad para que sigan los sacrificios. Si el amigo es toledano, os manda la suntuosa anguila con más vueltas que la cuerda de un reloj; si es de Valencia, las naranjas procesadas, como llamaba un curial á las mandarinas, ó sea á las naranjas empapeladas si es de Soria, la rica mantequilla; si vive en el campo, ¡ahí entonces es el pavo auténtico, vivo, cebado cuidadosamente con nueces, aunq ie siempre es mayor el ruido que las nueceí Semejantes obsequios nos llenan de orgullo á los madrileños privilegiados, favorecidos por la Suerte con amigos espléndidos y familia cariñosa fuera de puertas. Así verán los vecinos, la portera y los propios empleados de la estación, que fuera de Madrid tenemos quien vele por nosotros y que no somos hongos, ni mucho menos. Hay que martillear mucho para que no deje de enterarse la vecindad. -Chica, ¿oyes arriba? -Sí, hijo; ¡qué raido! -Han debido de recibir algima cosa; como son de Badajoz I- -Entonces, claro! -Chico, ¿qué será? -Lo ignoro, pero debe de ser cosa dura. Lueg (se encuentran las vecinas en la escalera, y la favorecida por el regalo exclama: -I Ay, señora! perdone usted el ruido de esta niañana; j qué habrán dicho ustides del martillo! -Nada; hemos creído que había subasta. Laa cosas de comer se agradecen mucho en este Madrid de núes troti pecados; es decir, de los pecados de los tenderos. Mientras olfateamos con deliciaT los embutidos extremeños, los jamones de Trévelez ó las conservas de Rioja que acaban de llegar de la estación, leemos con horror en una Correspondencia que servía de envuelta á lOs regalos; (El celoso teniente de alcalde del distrito del Hospital ha descubierto un matadero clandestino, y ha decomisado infinidad de artículos de comer y beber que no reunían condiciones para el consumo. Benditos obsequios, que nos permiten comer con tranquilidad siquiera una semana en todo el año! Escribo y mando latas nos dice por telégrafo un amigo de Logroño ó de Calahorra.