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LOS ROMERISTÁS La actitud del Sr. Romero Eobledo convocando á sus numerosos amigos de Madrid y dé provincias á una gran Asamblea, ha sido durante la última semana el tema obligado de las conversaciones en los círculos políticos. No hemos querido prescindir en nuestra información de dar á conocer varias notas salientes del acto realizado por los romeristas. Estos, que pretenden ser los continuadores de los procedimientos de gobierno del Sr ¿Cánovas del Castillo, han intentado, demostrar ante la Corona y el país que cuentan con fuerza, disciplina y organización bastantes para hacerse cargo del poder cuando las circunstancias lo demanden. Si lo han conseguido ó no, es cuestión que no nos toca dilucidar. La opinión pública es la llamada á resolver en último término sobre si las huestes que acaudilla el batallador diputado por Antequera constituyen ó no un partido viable. Por de pronto, lo que ya nadie puede dudar es que ningún otro hombre público tiene amigos tan consecuentes y leales como Romero Robledo, tan dispuestos al sacrificio y tan sumisos y obedientes á los mandatos del jefe. Por eso pudo él decir en su discurso de la Asamblea: Mañana comentará la piensa si son pocos ó muchos los diputados que me siguen; para que no haga cuentas la diré que son, entre diputados y senadores, sobre sesenta ¿Son pocos? ¡Ya lo creo! Como que mis amigos se cuentan porque dan la cara, van á todas partes, á los banquetes, á las asambleas, á las manifestaciones, y todo el mundo puede contarlos. Los de los demás son incontables, porque no salen jamás de la sombra. KOMKKO EOBliKDO KN S, U BIELIOTB. CA El caso fué que vinieron de todas las provincias de España nutridas comisiones y representaciones, y ese hecho en los actuales momentos, cuando tan indeciso y obscuro se halla el porvenir político, cuando tan pocas probabilidades de éxito pueden abrigar los romeristas, significa gran acatamiento á los superiores mandatos y una dosis de adhesión incondicional y desinteresada que hoy no estamos acostumbrados á ver en los partidos más gubernamentales. D. Francisco ó D. Paco, como le llaman sus íntimos, no tiene enemigos. Podrá haber, y sí que lo hay, muchos desagradecidos é ingratos á sus bondades, pero pueden éstos hallarse bien tranquilos de que aquél los censure con encono ó despecho. Aun al mayor de sus adversarios, que no citamos porque todos saben su nombre, siempre le trata, como él mismo dicé Con benévola indiferencia La vida pública de Romero ha sido, seguramente, de las más accidentadas. Diputado antes dé los veinticinco años, tiene el legítimo orgullo de ser el representante del país que ha venido aí Congreso con mayor cantidad de votos. Ganó unas elecciones con 36.000 sufragios. No ha vuelto á repetirse tan extraordinario triunfo. Romero Robledo es, antes que nada, un orador parlamentario de primera fuerza. Hay que verle cuando quiere desmenuzar un programa poHtico, hacer del mismo una critica severa y violentísima, y ganarse con cuatro apostrofes,