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MARTÍN RICO Seguramente que si Josué viviera entre nosotros, Martín Eico le adoraría. ¡Parar el sol, detenerlo á su antojo! ¡Ahí es nada poseer tan envidiable facultad para un hombre que, como el gran pintor español, abandona París, se asusta ante la idea de encender la estufa, y deja el trabajo por venir á España á tomar un rayito de este sol, que es lo único que nos va quedando I 1 Tomar el sol! Ocupación genuinamente española y poderoso reclamo para todos aquellos que viven fuera de la patria batiendo su nombre para conquistar un puesto en las ciencias ó en las artes. Comprendo perfectamente esa nostalgia que invade á Eico todos los inviernos; comprendo que líe los pinceles, que vuelva los cuadros sobre el caballete, que cierre su casa, aterrado ante la vanguardia del frío, y se encaje en Madrid cuando menos lo esperan su ejército de admiradores y leales amigos. Lo comprendo perfectamente. El sol español, que, como decía aquél, es el que más calienta, es lo bastante sugestivo para determinar tan simpática resolución. Muy de menos le echarán á estas ho ras en el café Florian de Venecia los artistas españoles que viven su inspiración bajo el cielo italiano; muy de menos su ausencia en aquel simpático veladorcito donde se agrupan artistas y amateurs; porque Eico también hace sus escapadas á Venecia; pero este año, Ma drid ha sido el favorecido. Eico es el alma de la reunión; con su charla rota y pintoresca anima la tertulia, y su visto bueno es indispensable para dar por resueltas todas las cuestiones que se suscitan. Me decía mi entrañable amigo Luis Eomea en una tarde que hablando de pintura nos deteníamos encantados ante los deliciosos paisajes de Eico; me decía que muchos de los pintores que van al café Florian, lo hacen con el piadoso fin de ver si oyendo hablar á Eico pueden pintar luego como él. Como donde está este inspirado artista hay siempre un rinconcito para España, en la góndola que le sirve de estudio cuando en Venecia vive, se canta por todo lo alto y se le da gusto á la guitarra, que para eso Eico sabe arrancar de sus cuerdas giros y canciones de la tierra andaluza. Los amigos que le siguen aprovechan los ratos en que pinta para copiar, no sólo lo que atisba la mirada de Rico, sino para seguir lo que pinta él: mágicas notas de color, que luego vende á los marchantes de París á precios elevadísimos. Eico lleva de vida artística en la capital de la república vecina treinta años, sosteniendo con Madrazo y Domingo los prestigios de la paleta española; de la consideración y del justo aprecio en que se le tiene da idea su intervención en los jurados de Exposiciones internacionales, como recientemente en la celebrada en Venecia; de su vida, de su temperamento como pintor, podría llenar en este sitio muchas cuartillas; pero todo lo que dijera de sus condiciones como colorista lo saben todos aquéllos que no son legos en pintura, y no es mi propósito descubrir á Eico, ni hacer de él una biografía contando dónde nació, quiénes fueron sus padres, ni si desde pequeño le tiraba el arte. La otra mañana, cuando fui á visitarle, acababa de llegar de la calle de tomar el sol, naturalmente; así que su contrariedad es muy grande cuando los días plomizos, nublados, vendan los ojos de fuego del sol y nos dejan sin tener el gusto de verle. Porque, como él dice, esto no es lo tratado. El precioso apunte que publicamos, y que Eico titula Desde mi ventana, es eso, una nota observada una mañanita transparente, clara: su tarjeta de artista que envía á la redacción de BI ANCO Y NKGBO. Folog. Franzen LUIS G A B A L D Ó N