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f GENTE MALEANTE (DESCUIDEEOS, TOFAOORES. TIMADOEES, ESPADISTAS, ETC. De la novela picaresca, honra y prez de las letras españolas, ya no nos quedan más que los picaros. Aquéllos sus cronistas, descendientes de Cervantes, Quevedos y Mendozas, sabe Dios por dónde andan repitiendo, pluma en mano, la consabida frase del monarca francés: iYa. no hay Pirineos sin traductorl pero los picaros, más constantes y más patriotas que sus biógrafos, siguen, salvo las mudanzas de trajes y modos acarreadas por el tiempo, fieles á las memorias de sus gloriosos ascendientes los Pablos de Segovia, los Guzmán de Alfarache y los pescadorts en seco de las almadrabas de Zahara flaibusterre de la Picaresca. Y es que ¡oh dolor I mientras el patio de Monipodio continúa siendo una instituoión nacional, la Eeal Academia de la Lengua, pongo por caso, es un verdadero galicismo hasta en las palmas verdes que adornan los uniformes de sus acogidos; el carácter español, á despecho de los estragos y mudanzas de los siglos, continúa inalterable; pero la, literatura, su fiel reflejo según afirman doctos tratadistas, ha hecho una retirada nada honrosa pasándose con armas y bagajes al otro lado de la frontera pirenaica, donde desempeña bajos oficios, de palurda, pretendiendo en vano adaptarse un sprit que le está negado, como le está negado á la boca que por costumbre ha reído con risa franca y abierta, el ligero mohín de la sonrisa irónica y graciosa. I El patio de Monipodio! No hay necesidad de ir á buscarlo en las cercanías déla Cárcel Modelo. Id al Salón de Conferencias, y en uno de sus ángulos sorprended la conversación de varios señores que hablan de negocios lícitos amparados por la política; discurrid por los pasillos de la Audiencia ó de la Casa de Canónigos, y sin cargo de oir conversación alguna fijaos en los letreros y cantares anónimos que adornan sus paredes. ¡La grande, la gloriosa, la genuina picaresca española es inmortal! Habremos olvidado, pese al amigo Salillas, no sólo su literatura, sino hasta su germanía, pero los picaros viven y perduran, habitando desde el Salón de Conferencias hasta la cueva del Gobierno civil, aquéllos perseguidos por las cuentas del sastre jamás saldadas, y éstos comidos de roñas é insectos nunca saciados. Y á esos miseros habitantes dé las cuevas del Gobierno civil primero, y de las celdas de la Cárcel Modelo después, corresponden los retratos que adornan estas páginas. Entre los retratados hay picaros de todo género: tomadores, timadores, carteristas, descuideros, espadistas, ó sea representantes de cuantas especialidades inventó el ingenio humano para hacer variada y florida la mala costumbre de apoderarse de lo ajeno. Pero antes de seguir adelante bueno será consignar que esas especialidades apenas existen más que en el argot de la policía. El individuo que ésta clasifica como tomador del dos ó ladrón de relojes, lo mismo efectivamente da garrote á la anilla del reloj de un transeúnte descuidado, que roba al tirón los géneros colocados á la puerta de una tienda por un comerciante que, harto de hurtar, consiente que le hurten. Y ese mismo tomador ayer, y hoy descuidero, va mañana al Salón del Prado á hablar en portugués con la víctima del consabido cuento; y ese mismo portugués falsificado, si el hambre aprieta y el valor no le falta (que esto ya es más difícil que lo otro) espera en extraviada callejuela al madrileño trasnochador para