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A OCHO DÍAS VISTA Tranvías eléctricos. -El tranvía del barrio. -Don Práxedes en su casa. La polieia ocupada. -El asunto Dreyíus. Dicen que para Mayo tendremos en Madrid tranvía eléctrico; en la Exposición Industrial puede verse un coche del nuevo modelo, que es una verdadera hermosura: como que es un coche parado además, la empresa del barrio está instruyendo á los conductores actuales para que aprendan á arrear á la electricidad y en fin, como obras son amores, van á buen paso las obras nocturnas para el asentado de la nueva vía desde la Puerta del Sol hasta las cocheras del barrio de Salamanca. Hermoso porvenir es éste, sobre todo si se le compara con la triste situación actual. Porque es el caso que el servicio de hoy no corresponde ni con mucho al movimiento de viajeros, numeroso y creciente en esta parte de Madrid. Para visto por los empresarios es, sin duda, un espectáculo hermoso el de los tranvías rebosando humanidad hasta por las ruedas, con viajeros de cuelga en la plataforma de atrás, y oíros en la plataforma anterior no menos prensados, pero con más fortuna porque llegan antes. Para visto por las autoridades y para aguantado por el público, el espectáculo es inexplicable. Mas la autoridad tiene otras cosas en qué ocuparse, y además coche. Y en cuanto al público de Madrid, y sobre todo el público del barrio, sabido es que se trata de gente fina, correcta, bien educada y amiga de que le den en los nudillos, si no con la badila, al menos con el torno del mayoral ó con el gancho del encuarte. Tomar el tranvía es una suerte loca que no todos consiguen. Una vez dentro, ¡qué apretones de manos á bocal Para bajar del coche precisa apercibirse con diez minutos de anticipación, y hay que dar más gracias que Weyler. Los tomadores hacen su agosto en estas apreturas, y todos los días desaparecen carteras, relojes, algún dije, y creo que aún dije poco. -I Ayl exclama un viajero lanzando un terno y echándose mano á la corbata, ¿Qué ocurre? -Que me han robado el alfiler ahora mismo. -I Naturalmente 1 dice muy tranquilo el cobrador. Ya le he dicho á usted que no cabía ni un alfiler. Y el coche sigue recogiendo transeúntes, que aguardan en las bocacalles el santo advenimiento del tranvía del barrio. ¿Hay asiento? -Sí, sefior, pase usted; hay dos á cada lado. Ilusión engañosa I Las vacantes no parecen, á pesar de los buenos deseos del cobrador. Y es que el asiento de los tranvías debió de construirse como el banco consistorial del cuento. Los regidores se tomaron medida de posaderas para San Eoque, y el banco resultó á la medida para toda la corporación. Mas llegó la Purísima, vinieron los ediles con sendas capas, y ya no cupieron en el banco más que el síndico y los tenientes de alcalde. Mentira parece que puedan soportarse tales apreturas! A no ser considerando que el que más y el que menos pasa iguales ó mayores aprietos en su casa. Nadie se queja, la empresa va á gusto en el machito, y los viajeros en el potro á gusto también; quizá sea mi voz la primera que se oye en la prensa. Y se comprende. ¿Qué más prensa que los tranvías del barrio? D. Práxedes no sale de casa. Mala señal. Eso indica que no tiene muy buenas noticias del exterior.