Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i COSAS DE INVIERNO LA MENDICIDAD Ha llegado su época terrible. El estío es la estación de los pobres. Cuando los hombres les olvidan, la Naturaleza viene en su ayuda con las serenidades del verano. Entonces basta para cama un banco en la sombra de un paseo, y para alimento medio panecillo y un tomate. Pero ahora espanta oir la voz de la miseria echándonos el alto en la calle, porque es la voz de un náufrago de la vida desesperadamente asido á su tabla, y que tiene derecho, como los demás hombres, á su ascua de lumbre y á su pedazo de pan. La mendicidad reviste una porción de aspectos, pero por los labios que imploran no pasa de la misma suerte la súplica del óbolo caritativo. Cuando la dicta la desgracia, cuando balbucean de emoción, los hace sagrados el infortunio; cuando la pone en la boca el lucro, cuando hablan expeditos, los prostituye la especulación. Con frecuencia se lee en la prensa ó se comenta de tienda en tienda de comestibles el descubrimiento! de tal ó cual pobre que posee casas. Las economías de estos ladrones de la caridad suelen ir á la Caja de Ahorros. Si sus libréis tas hablaran, saldrían á relucir buenas 11 a gas sociales. El mendigo de zurrón, el pobre rural de los sábados, que levanta el pestillo de las puertas al clásico ¡Ave María! no inspira ya lástima á nadie. Se le socorre por costumbre, y él acepta la limosna como una obligación. Ya sabe lo que le dan en cada casa, y acomoda su presupuesto á esos ingresos semanales. Su pintable figura de cachucha y capa parda, figura clásica de la truhanería española inmortalizada por Hurtado de Mendoza y Goya, es lo primero que surge en la plaza de los pueblos que no tienen ferrocarril, á la llegada de la diligencia. A veces este menesteroso resulta industrial, vende romances acompañado del lazarillo del Tormes, que vive todavía. En las grandes poblaciones la mendicidad de oficio reviste mayor gravedad, porque aleccionada por la experiencia, explota un elemento de seguros resultados: la niñez. Un niño con frío, un niño sin acostarse á la madrugada, un niño que sale de su sueño tendiendo su manecita yerta desde uno de esos portalones hondos y benditos que hacen de madre dejando dormir á los chicuelos en su regazo de piedra, un niño casi desnudo bajo la helada, que eleva su vocecita de pájaro nuevo hasta el cuello de pieles del transeúnte, es una cosa tan cruel, tan desesperada, que no hay quien no se eche mano al bolsillo, estremecido de que á los propios hijos pudiera acontecerles otro tanto.