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UNA PAGINA INFANTIL EL NIETO DE SAGASTA La placa fotográfica ha sorprendido á nuestro pequeño personaje haciendo alardes de firmeza sobre el nuevo caballo que le ha regalado el abuélito. Resulta mayor que todos los que ha montado, pero no es tampoco de pura sangre. Ese dichoso Medel sólo tiene en su cría caballos de cartón I A Garlitos le disgusta mucho esto, que le parece una mentira muy grande. I Luego se atreven á hablar todavía los que están siempre visitando al abuélito, esos seflorones que dicen son ministros, diputados y no sé cuántas cosas más, de farsas electorales y de convencionalismos políticos! -ÍMás farsa y más convencionalismo que mi caballo 1 Pero es lo que se dice el inteligente nifio cuando reflexiona: Mientras pueda ir tirando en el pobre jaco de cartón; mientras él conserve sus ruedas completas y yo lleve las riendas y no pierda los estribos, las cosas no van mal del todo. Todo lo que se refiere al chiquitín de la casa constituye para D. Práxedes motivo de honda preocupación. Y es que los hombres, por grandes que sean, tienen también sus debilidades familiares. Lejos de esperar de ellos otra cosa, debe de ser esto para nosotros motivo de complacencia, sobre todo cuando se trata de personas que imprimen dirección á los negocios del Estado. Pues al cabo y al fin, como afirma Burke, amar el pequeño núcleo á que pertenecemos en la sociedad es el germen de todos los afectos públicos Estábamos una tarde del pasado verano en el jardín de la casa que tiene en Ávila el señor Sagasta. Éste se hallaba sentado en un banco de madera, que se sostenía en equilibrio gracias á su hija, que permanecía junto á él. Impensadamente se separó ésta, perdió el banco el contrapeso que le mantenía derecho, y se fué don Práxedes de espalda, con gran susto de todos nosotros, menos de él mismo, que declaró ingenuamente haberse caído despacio Garlitos, que no puede nunca contener su risa, soltó una carcajada alegre y re tozona. El abuelo se sintió ofendido, y le preguntaba después con el tono más cariñoso del mundo: ¿Te ríes porque tu abuélito se ha caído? Había transcurrido más de una hora, se habían tratado muchos asuntos distintos, y Mli il u aún el bueno de D. Práxedes, lleno de inquietud, interrumpía la conversación para dirigirse al niño é interrogarle con dulzura: ¿Te ríes porque tu abuélito se ha caído? No debe de molestar al jefe ilustre del partido liberal que hayamos hecho el precedente relato. Como dice Samuel Símiles, los hombres más sabios y los mejores nunca han tenido vergiienza de confesar que eniíontraban su mayor placer y felicidad en tener un asiento detrás de las cabezas de los niños, en el círculo inviolable del hogar. Ese airoso jinete de diminuto tamaño, pero como se observa en la fotografía, de erguida y arrogante figura; ese bonito niño, con cara maliciosa y traviesa y con ojos llenos de picardía, es hoy objeto de todos los cuidados y del más intenso cariño por parte del Presidente del Consejo de Ministros. Es hijo de doña Esperanza Sagasta y del actual subsecretario del Ministerio de la GoberUAiiLiro nación, D. Fernando Merino. Por su temperamento, la índole de su carácter y las inclinaciones que muestra, es el nieto fiel espejo del abuelo, lo cual explica lo mucho que éste le quiere y el profundo afecto que le guarda. i En cuántas ocasiones hace D. Práxedes lo que aquel padre que pinta Edmundo de Amicis en Cuore (Diario de un nifio) y busca á Garlitos porque tiene una amargura en el corazón y disgustos que todos los hombres sufren en el mundo, y le busca como un amigo para confortarse y olvidar, sintiendo necesidad de refugiarse en su cariño para conseguir la serenidad y el valor I Fotografía Franzen