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INTERVIEWS roruiíARes. Qon el j r. o. Pi IIo -Aquí donde usted me ve, por esta americana, que como usted dice superiorísimamente es una rica prenda, sólo he recibido hasta la fecha tres- ¿Tres duros? Es muy poco. -No señor, tres- ¿Tres pesetas? ¡Eso es escandaloso! -Baje usted un poco más. ¿Tres reales? -Otro poquito más. UENAS tardes, maestro. ¿Tres perros? -Felices, amigo Oapdepón. ¡Tres puntapiés- ¿Cómo Oapdepón? -Maestro, hemos bajado al sótano. Ah, usted dispense 1 Le estaba esperando para que- -Pues ahí me los dieron, y todavía me duelen, amigo me enhebrara las agujas, única cosa que sabe iiacer el pobre, y i vamos I le confundí con usted; digo, le confundí á mío. ¡Tienen una patita los filibusteros! (El aprendiz entrando otra vez. -Maestro, ¡que si está usted con él. Vaya, y tanto bueno por esta Presidencia la bata! -Es usted muy amable. -Pero, condenado, ¿no les soltastes á Gullón? -Por su visita no dejaré de trabajar. -No, señor, no pude. ¡Como D. Pío es ahora ministro- -I No faltaba otra cosa! Y mire usted lo que es la gente calumniadora. Decían que en cogiendo usted la sartén por de Estadol- ¿Qué? el mango, se tumbaba á la bartola. Hay lenguas, maestro, -Pues que T Pío se quiere llevar otra vez á su minisque merecían ser cortadas de la peor manera posible. terio la obra pía, y anda en eso. -Como corto yo los trajes, vamos al decir. ¡Jesús, qué inmoralidad! ¡Ea! Diles que vuelva, n- -Eso; como hace usted las leyes cuando tiene abierta la sastrería parlamentaria. dentro de una hora. Ya está concluida la americana- -La abro lo menos que puedo; uno va ya para Villa- ¿Verdad que es bonita? vieja, ha cosido mucho en este mundo, y no es cosa de- -Preciosa. pasar los pocos días de vida que le quedan á este servidor- -El paño lo ha pagado Cataluña; por eso digo que é s poniendo remiendos en el banco azul. inglés. El forro, Valencia, seda legítima. Los botones los- ¡Cómo! ¿Está usted ya pensando en una crisis par- han hecho en Vizcaya, y yo la coso y pongo el hilo. cial? ¿Y el parroquiano de los tres puntapiés? -Amigo mío, tengo un duque ¡si viera usted qué- -Se la endosa tan terne. duque I Con. una barba como la tinta. Está pidiendo un- -Y parecerá una persona. ministerio para despintarse en decretos. También tengo- -Si es que al ponérsela no está hecho una Cuba; poral director de La Corres, que me da el periódico gratis y se ha empeñado en llegar á ministro para leer á Tácito que ya usted ve, á todo el mundo le agrada su poquito en la reunión de secciones. En fln, que no le faltan á uno de autonomía. Y luego, que eso de estrenar siempre altera el espíritu. Ayer vino por aquí Giberga. ¿Cuántos dedos compromisos. (Él aprendiz Crux ertírowáo. -Maestro, ¡que si está la tengo en la mano? le pregunté. Y él me respondió en seguida: ¡Cinco ministros! bata! -Tendría usted la mano abierta. -Diles que se esperen, que ya estará, que ahora estoy- -Tenía el puño así de cerrado, y con una gana de meconcluyendo la americana. térselo á alguien en la misma boca del estómago (El aprendiz. -Dicen que eso lo hace Moret. (El aprendiz entrando) -Maestro, ¡que si está la bata! -Diles que ¡vayaI échales á Gullón, que es muy sua- ¡Toma, por jinojol (Le da con el puño de los cinco ve, porque si no, voy á soltarles un temo, cosa que jemas debe hacer un sastre sin haber cobrado la factura. (Váse ministros. (El aprendiz llorando. ¿Y yo qué culpa tengo? La bata el aprendiz. Crea usted, amigo mío, que ciertas impertí nencias le ponen al mejor artista completamente nervioso no es para mí. -Pero el puñetazo sí. Ea, lleva esta americana á la y fuera de sí. -No le falta á usted razón. ¡Pero vaya una america- Gaceta. Bonita prenda, ¿eh? Pues es la última prenda que podemos soltar. nita que está usted haciendo, maestro I ¡Qué paño! ¿Y la bata? -Cinco duros vara. Inglés, como quien dice. Del pro pió Canadá. ¡Dale con la bata! ¡Qué forro I- -Pero ¿para quién es la bata, maestro? -Para una chica filibustera que se escapó casi en pa- -Tres duros metro. Rica seda. ños menores á Nueva York; para Evangelina Oisneros. -I Buenos botones 1- ¿De suerte que usted, además de hacer de balde esa- -Con el retrato de Labra, preciosa americana, poniendo el paño, el forro, loa boto- ¡y qué pespuntes I nes, la costura y el hilo, tiene que regalar una bata? -Pespunteada por Moret. -Así lo exigen los yankées. ¡Caro le va á salir todo eso al parroquiano 1- ¿Y qué producto nos queda á usted, maestro, á mí y- -No, señor. ¡Si yo soy el sastre del Campillo I al aprendiz de todas esas ropas? (El aprendiz lloriqueando) ¡El puñetazo que yo ine- -I Toma I es verdad. heganao! DIBUJO DK BLANCO C 0 RI 3 GiKÉs DE PASAMONTE B