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CRISANTEMAS Son las ñores de moda. El, Presidente de la República Francesa ríndelas público homenaje asistiendo á la apertura de una Exposición de crisantemas, y loa jardineros del Parque Real de Monza presentan á los asombrados ojos de los Reyes de Italia una admirable colección de estas flores, en la que figaran desde la crisantema blanca con la blancura de la nieve, iiasta la roja con la intensa coloración de la sangre. Francia é Italia, Mr. Félix Faure y el rey Humberto, se han puesto de acuerdo en algo. ¡Bendito sea el poder de las inores de oro que así, por su etimología, se apellidan las crisantemas! Pero ya éstas tienen, como las rosas, sus títulos de nobleza, y lo mismo que á las diferentes variedades de rosas se les adjudicó por sus cultivadores nombres tan pomposos como Genio de Chateaubriand! tTricolor de Flande 8 íCoMdesa de Egmont Juana de Arco y cien y cien más, cada nueva variedad de crisantemas llega al mercado ó íigura en el catálogo de los floricultores coa un nombre sonoro que recuerda glorias pasadas ó enaltece méritos de los grandes personajes de nuestro siglo. El príncipe de Bismark, ese gran desterrado de la política europea, tiene ya su crisantema correspondiente. La flor de moda ha sido con él menos ingrata que el Emperador de moda. Entre las flores y los reyes, será preciso elegir las flores. El insigne literato francés y notable jardinero Alfonso Karr llamaba á las crisantemas t Corona del Otofío Ciertamente, el reinado de las crisantemas empieza fenecido el de todas sus hermanas. Cuando, según la expresión de nuestro gran Campoamor, la tierra se cansa de dar flores, surgen con su último fatigoso esfuerzo las crisantemas, flores vecinas del invierno, fruto de cansancio y de ancianidad; hermosas sí, pero sin perfume, como las últimas producciones de los grandes poetas, maravillosas por la forma, atractivas por su severa melancolía, pero sin frescura ni aroma. Flores de otoño, coronas de muertos. Y en Madrid todos los lectores han podido observarlo: las crisantemas parecen nacidas al son del toque de Difuntos. Cuando se avecina el día de tan triste conmemoración, llénanse los kioscos y los escaparates de las tiendas de flores de crisantemas, ya agrupadas en búcaros, ya formando coronas, ya construyendo cruces. El desabrido y lluvioso día os habla del invierno, el esquilón del cementerio os susurra de la muerte, y las pobres flores que el vendedor os presenta en un ramo ó en una corona para que las depositéis sobre una losa, parecen estremecidas y asustadas con la doble y terrible proximidad del invierno y de la muerte. La pensadora cabeza del dibujo de Chiorino que contempla la siega de crisantemas, ¿representará á aquél ó simbolizará á ésta? I No hay duda de que nuestro alegre fin de siglo ha sabido elegir con humorismo refinado su otoñal flor de modal DrEDJO BE CHIOEINO JOSÉ DB R O U R E