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1 r- í t, w. J- IAJL JJJlM. iJ. 1 do me despertaba, siendo chiquillo, sobresaltado por el recuerdo de los cuentos de brujas ó de fantasmas que había oído contar durante la velada. IV Aunque el toque de diana se anticipó tanto que apenas se vislumbraban todavía los primeros albores de la mañana, cuando mi regimienta batió marcha ya considerables fuerzas se habían adelantado al encuentro del enemigo, y al mismo tiempo que la luz algo pálida nos dejaba ver las líneas francesas, aunque bastante lejos, se oía un sostenido fuego de fusilería. Mientras no se trató de más que de hacernos formar, no perdí la tranquilidad del todo. Mi tío me miraba con una sonrisilla tan expresiva, que yo creía leer en ella como en un libro abierto que ya tenía él estudiado el modo y manera de tenerme en sitio seguro. P. ero cuando nos pusimos en movimiento, cuando cada paso que dábamos nos acercaba al verdadero infierno que parecía ocultar la espesa nube de humo que cerraba el horizonte, comprendí que la esperanza iba á abandonarme. Sin embargo, liubo un momento en que me creí salvado. Precisamente á corta distancia de un sitio en que hicimos un ligero alto, una cortadura formada por dos peñas tajadas á pico ofrecía asilo tan seguro, que aun llegando allí la acción, cosa que ya parecía difícil, nadie hubiera dado con el que en tal covacha se guareciera. Así lo había entendido un aldeano que, sin duda sorprendido por el movimiento de los dos ejércitos cuando huía del pueblo cercano, temblando de miedo había buscado tardío pero seguro asilo en la quebrada. La suplicante mirada que dirigí á mi tío era tan expresiva, que no me cabe duda que me entendió. Pero cuando yo creí que iba á acercarse á mí para sacarme de las filas, con voz ronca gritó: ¡Adelante 1 Marchen 1 ¡Paso de ataque I Y como mediante aquella orden sólo tardaríamos algunos miinutos en, ponernos á tiro de bala de los franceses, como única recomendación nos gritó: Vista al frente I ¡Al que baje la cabeza se la rebano á cercén I Aquello rezaba sólo con los bisónos; los soldados viejos ya sabían lo que les tocaba hacer.