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PRÓLOGO AKIOFARHK ocasión de las fiestas que se celebran en Norwich tradiciona. lmente todos los años, pidieron á ISIancinelli una obra de concierto para orquesta y voces; á Mancinelli parecióle el momento como de perlas para dar á conocer su última creación, y así lo hizo, estrenándose el Hero y Leandro (en concierto) el día 9 de Octubre de 1896. El entusiasmo que produjo la obra en el público refléjanlo las columnas de los periódicos ingleses más importantes y autorízanlo la opinión de los críticos más eminentes. Cantaron la obra la Albani, Loydé, Vatl ni y 3Iill s. Posteriormente escribió Mancinelli el prólogo de la obra, creando así una parte para contralto; el prólogo es una inspiradísima poesía de Boito. A los pocos compases de la orquesta se alza el telón. En el fondo de una nebulosa, que van aclarando las gasas de las mutaciones cada vez más transparentes, se divisa un templo griego, y sobre un altar la figura de Baco; la Musa, que contempla el cuadro, se adelanta y dice en preciosas estrofas la canción de los desventurados amantes; canta su historia, con acompañamiento de flautas y arpas, las gasas vuelven á espesarse, la nebulosa se hace más intensa, y el preludio termina y con él el prólogo. La nueva ópera de Mancinelli está vigorosamente orquestada y, sobre todo, tiene un acertado colorido de lugar y ambiente; esto es en lo que más empeño ha puesto el inspirado autor de Cleopatra, y puede decirse que lo ha conseguido. Cualquiera que sea el juicio que el público formule la noche del estreno, quedarán siempre la labor firme y concienzuda de un maestro tan exquisito como éste, que ha llevado á su última producción todas las sensaciones de artista, ensayadas por una poderosa inteligencia musical. Buenos defensores lleva para su causa; que los prestigiosos nombres de la gentil Darclée, de la bravísima Guerrini y del notable De- Marchi, son muy suficientes para defender brillantemente ante el público los fueros del compositor. Luis París ha montado la obra espléndidamente. Y para terminar, apuntaré un rasgo saliente de la vida artística del hoy director de nuestro primer teatro lírico. Allá por el año de 1872, antes, mucho antes de que Mancinelli llegase á ocupar el puesto de director del Conservatorio de Bolonia, antes de que dirigiese en el teatro de Boma La vestale, de Fpartini, con motivo del centenario de la muerte de este compositor, ocurrió lo que á continuación voy á relatar. En Longiano (Italia) se celebra todos los años una misa con extraordinaria solemnidad; cada año el Ayuntamiento encarga á un compositor conocido este trabajo, y así lo cumplieron, entre otros, Donizetti y Petrella, el autor de Jone. Después de celebrada la misa á grande orquesta, era de rigor hacer un grupo fotográfico del autor de la música y de los principales intérpretes. Mancinelli, que entonces era un modesto violoncello, tuvo la pretensión de querer colocarse en el grupo que uno de los años se fotografió; pero el alcalde dio al traste con su gusto, diciéndole que era muy desconocido para figurar en la fotografía, reservada sólo para los que gozaban de una reputación. Pasaron los años; Mancinelli comenzó á adquirir celebridad, su nombre empezó á figurar en los conciertos, y el mismo alcalde de Longiano le escribió por el año 1882 encargándole que escribiera la tradicional misa. Mancinelli aceptó gustoso la solicitud, pero con una condición, única, ternoinante; la de que después de terminado el acto religioso se haría una fotografía de Mancinelli con el consabido grupito. De este modo satisfacía el antiguo violoncello su amor propio, tan lastimado por aquel alcalde en años anteriores. Luis GABALDÓN AMALIO Y BUSSATO