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Su felicidad estaba pendiente de aquellos débiles tallos; el logro de su amor, la redención del servicio militar, el triunfo sobre su rival, las caricias de Eosa, todo, todo dependía de que aquellos frutos llegasen á sazón. Aunque el padre de Tomás había concertado y satisfecho los riegos de su huerta, le hacía falta que lloviera para el mejor éxito de la obra en que tenía tanto empeño; pero pasaron el mes de Abril y el de Mayo sin que las nubes entoldasen el firmamento. Los frutos que h a b í a n aparecido lozanos comenzaban á languidecer, las espigas á decolorarse, y el pobre Tomás contaba con ansiedad los días que faltaban para el riego, temeroso de que el sembrado no pudiese esperar hasta aquella fecha. Al fin llegó el momento del riego; si se hubiera retrasado algunos días más, habría llegado tarde; él campo estaba reseco, polvoriento, muerto de sed, esperando con pasiva ansiedad y aspecto agonizante el agua que habla de darle la vida. Dos horas antes de que ésta llegara, ya estaba Toma? con la azada al hombro dispuesto á abrir los surcos y los cauces. El caudal de agua se precipitó al- i ñn turbulento por la angosta acequia. Tomás dio un suspiro de satisfaci ción. i Aquel murmullo de agua estaba lleno de prooiesas, rebosante de caricias, halagos y venturas. El joven dio un golpe con la azada, y la misma tierra con que abrió paso al liquido se lo cerró para que no huyera por otros caminos. El agua se abalanzó por los cuadros de la siembra, ansiosa de darles vida; pero apenas había entrado la primera bocanada, se convirtió en un hilo débil, mezquino, que serpenteaba moribundo entre la abrasada tierra. -I Dios mío, m e han robado el agua! Todo se ha perdido! Con efecto; antes de dos horas le tocarla el turno á otro regante y no habría derecho á reclamar nada, y para cuando llegara otra vez el Bnhe lado turno del riego, aquel campo lleno de promesas, aquella tierra donde brotaban las esperanzas mezcladas con los tallos, ya no sería otra cosa que un erial, que un montón de hierbas agostadas nada, en fin. Tomás se fué corriendo á su casa y entró en ella como un loco, dando voces y exclamando; -1 Nos han robado el agua I Si hubiera dicho que todos estaban condenados á muerte, no habría causado la noticia más espanto. El anciano padre fué en busca de la escopeta para esconderla, pero ya la habla tomado su hijo, huyendo con ella. Siguió corriendo el curso de la acequia, y cuando llegó á las tierras de su rival vio que estaba abierta una compuerta y mellado un caballón por donde le robaban el agua. ¡Miserable! exclamó Me roba me m a t a! Dirigióse furioso á la barraca de Manuel, y le encontró apercibido y esperándole; pero Tomás, antes de que me diara una sola palabra, le descerrajó un tiro, dejándole muerto. Cuando prendieron á Tomás, el juez, que era novel en aquellos dramas del campo, le reprochó su crimen diciéndolo; ¿Le parece á usted justo matar á un hombre porque le ha robado un riego? Tomás, que no podía expresar todo lo que aquel robo significaba de infortunio para él y de perfidia por parte de su rival, exclamó apretando los puños; -Señor juez, ¡el agua es la vida! RAFAEL DiKrjOR DK B I A X r O CORLS TOBKOMÉ