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INTERVIEWS roruLAHES. (M EL (XPITAKAPAÑA, -No llame usted invencib e á nada mío, si no quiere qne le confunda con Romero Robledo. -Está bien, mi capitáu; dejemos la remolai ha. -R ja como la sangre. -Ks verdad; y dulce y productiva como el azúcar. Pero volvamos al comienzo de nuestra intfrvieiv. ¿Usted se embarca ó no se embarca? ¡Y dale bola con mi navegación! ¿Conquián quiere Ufted que m e embarque? -Puede usted embarcarse con los republicanos. Su jefe, el Dr. Ezquerdo, le espera con ¡as dos mangas de la caini- a de fuerza abiertas. -De todos modos, resultaría yo un capitán en mangas de cami! -a de fuerza. No m e embarco con ellos. -Puede usted embarcarse con los partidarios de don Carlos. Estos señore. en tirando las boinas, flotan p ir derecho propio. ¡Qué carlistas ni qué calabazas! Eso ya está mandado recoger. ¿Se refiere usted á sus fusiles? ¿Al fusil Llorens? No, amigo mío; á algo m á s mortífero; á su oratoria. ¡Mi capitán, venga un abrazo. ¡Parece mentira que con lanto talento se le muriera á usted Maceo sin avisarle! -Fué una falta de consideración digna de un mulato. ¿Conque tampoco se embarca usted con los carlii- ta -Tampoco m e embarco con los carlistas. -Está bien; ¿y con Romero? -Bueno; pero ¿á dónde vamos? ¡No es usted poco curioso que se diga I Van ustedes á donde les lleve el viento. Todo es poner la vela. ¡Claro! Y la gente dirá; ¡Ahí van esos á la vela! -De todos los políticos decimos en España lo mismo. -Porque son ustedes muy mal hablados. ¿Que el viento empuja á Levante? A Levante. Levantamiento más ó menos ¿Que el viento empuja á Poniente? Pues se ponen ustedes. -Justo; y sale del cascarón el pollo de Antequera. Nada, no me divierte la aventura. Tampoco m e embarco con Romero Robledo. -Entonces, ¿por qué ha dicho usted repetidas veces que iba á hacer y que iba á acontecer, y que si esto y que si lo otro y q u é lo d e m á s allá? -Porque á mí no m e gusta combatir en silencio. ¿No he dicho también que la insurrección iba á terminar en este m e j en el otro y en el de rr ás allí? -La fuerza logística de usted me abruma. ¡Lástima que no fuera Ubted Máximo Gómez! -Resumiendo, mi capitán- -Resumiendo, amigo mío; que si los republicanos se embarcan, lo veré con cierta fruición; que si se embarcan los carlistas, soplaré hacia ellos distraídamente; y que si Romero Robledo se mete en la góndola, puede contar con un empujón mío. Pero lo que es yo, á la legalidad me atengo. -Eso es; la gente embarcada y usted en tierra. Mi capitán, á la orden. ¿Está usted girando, ó m e saluda? -Le saludo. -Entonces no tengo ningún inconveniente en corresponderle. Me alegro de verle bueno. G I S E S DE P A S A M O N T E T ODOS los españoles, mi capitán, estábamos esperando impacientes que desembarcara usted. ¡Pero si yo no me h e embarcado nunca! -I Qué modestia, qué abnegaciónl- -I Qué niño muerto 1 Lo que usted oye; yo no m e he embarcado jamás. ¿Pero no es al capitán Araña á quien tengo el honor de dirigirme? -Al mismo, sí, señor, al mismo. ¿Y usted no sabe, señor periodista, que el capitán Araña, según la locución vulgar, embarca á la gente y se queda con la tierra? -Perdone usted, mi capitán, así se dice en Cataluña; en Castilla decimos de esta otra manera: El capitán Araña embarca á la gente y se queda en tierra. -Pues bueno, de ese modo ó del otro, resulta que yo no m e h e embarcado nunca. -Tiene usted muchísima razón. Acabará usted p jr ganar batallas como quieren que se ganen algunos tratadistas: á fuerza de lógica. -De logística, amigo mío; no es lo mismo. ¿Qué es eso de logística? ¿Y á usted qué le importa? -De esta manera no hay posibilidad de celebrar una interview. -Pues vaya usted á preguntárselo al ministro de la Guerra. ¡Dios me libre I ¡Cualquiera consigue verle 1 Está emparedado. ¿Emparedado el ministro de la Guerra? ¡Sabrá muy mal! -Imagínese usted; basta el presente, los emparedados eran de pavo ó de jamón. Sólo en casa de las de Berruguete, protesidas de Luis Taboada, se sirvieron alguna vez emparedados de Correa. Hoy es el manjar de moda. -Serán de muy difícil digestión. -JS O tanto, ¿usted sabe? Gallón y Moret corren con la mantequilla, y bien impregnado de manteca, el emparedado pasa. ¿De manteca de Flandes, de la rancia manteca española? -No, mi capitán, de mantequilla de Astorga, de la manteca novísima para la confección de los canutillos de Estado. ¡Mil bombas! ¡Mi capitán, que va usted á darme miedo! ¡Hombre, no seria el primer caso! -Sigue usted con su invencible modestia. Ya sé que Sagasta tembló DIBUJO DE BLANCO CORIS