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Todo por y para la clase obrera, qne es la única clase que hay en Madrid cuando los escolares empiezan á tomarse las vacaciones de Navidad. Son inminentes el derribo del cuartel del Rosario, del de San Gil, del pabellón del Ministerio de la Guerra, del pabellón de la oreja de Jorge, y de otros muchos edificios y torres que desprecio al aire fueron. Puestos á derribar, derribaremos reses bravas, para que estas famosas obras no pierdan su carácter español, puro y neto. Sólo el anuncio de esta campaña demoledora ha hecho cuartearse de gusto á una casa de la calle de la Flor Baja, esquina á la de San Bernardo, donde por orden de la autoridad hay que hacer trasbordo, como en la línea de Valencia. Un registro de luz eléctrica de la calle de Jorge J u a n también se ha entusiasmado, y hace saltar de júbilo y materialmente electrizados á cuantos transeúntes aciertan ó desaciertan á pisarla. Pronto empezará la caída de los aleros, que sigue en Madrid á la caída de la hoja; no tardarán en hundirse con la humedad trozos escogidos del entarugado, y ya el barro salpica en los pisos terceros del barrio de Salamanca. Mas la autoridad, ocupada en el gran proyecto del ensanche, no tiene vagar, como decimos ahora, para preocuparse en esas pe queñeces. Obras son amores, porque ya se cansa de buenas razones la clase obrera. Abrir calle, mucha calle, como si viniera algo. Y sobre todo, muchas plazas. Para que al subir Silvela no ocurra lo que en todas las crisis. Que son pocas las plazas y muchos los candidatos. La lluvia de estrellas, anunciada con bombo y platillos, habla despertado la ansiedad de las gentes. Ahí es nada! Una lluvia de estrellas aquí, donde nadie está conforme con la tuya. Era la fortuna para los desheredados de ella, la buena sombra para los desgraciados, la suerte para todos; sobre que en la lluvia de estrellas cabía la esperanza de que cayesen á nuestros pies lo mismo la estrella solitaria que sus congéneres las del pabellón norteamericano. Mas resultó á última hora que el firmamento faltó á su palabra. Una prueba más del tan conocido mentir de las estrellas El espectáculo, si se realizó, fué de puertas adentro, y aquí los astrónomos y los simples mortales nos quedamos haciendo la osa menor. Todos los curiosos se retiraron á sus casas protestando de esa informalidad de las altas esferas. y un conocido empresario exclamaba al día siguiente: -Se conoce que las estrellas de por allá son de tan mal avenir como las estrellas del arte lírico. Fuerza del consonante, á lo que obligas I A la huelga de panaderos ha seguido la de barrenderos, y sabe Dios si seguiremos versificando á beneficio del pueblo de Madrid. Parece ser que el disgusto cundía hace tiempo entre las escobas, sin que hasta el domingo pasado llegase á tomar forma práctica. Esta se encontró al fin; proclamóse la huelga, y fué unánime entre los barrenderos el grito de ¡Abajo la sociedad! equivalente en este caso al siguiente: Arriba la suciedad! J No fué necesario apelar al servicio forzoso ni á la recluta voluntaria. Pero todavía no se les ha quitado el susto del cuerpo á los que vieron aquel día á los sencillos barrenderos convertidos nada menos que en enemigos de la Sociedad L U I S ROYO YILLANOVA DIBUJOS DE CILLA