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Á OCHO DÍAS VISTA Preparativos carlistas. -Por los cerros, -La serpiente de metal. -El Bazar X vigilado. -Un poco de estadística. -El ensanche de Madrid, Derribos inniinent 3 s. -Obz as son amores. -TJn timo astronómico. El mentir de las estrellas. -La huelga de los barrenderos. Yo no digo que los car iítas dejen de prepararse. Mal harían si no se prepararan. Yo no soy carlisla, ni republicano, ni nada de lo que corre por ahí, y sin embargo vivo preparado y apercibido, porque sabe Dios el polvo que todos llevaremos cuando llegada la hora, no de continuar la historia de España como dijo el otro, sino de repasarla, gimamos bajo la protección de fenicios, cartagineses ó ingleses de la Gran Deuda, por otro nombre Gran Bretaña. Pero de esto á creer que el viejo carlismo tiene ya el arcabuz sobre la horquilla y encendida la mecha, dispuesto á unzamos su primera pelota de fierro hay muchas leguas de mal camino. Los carlistas no quieren ir al monte; quieren que el monte vaya á ellos. Andarse ahora por los vericuetos del Maestrazgo, por las sierras de Gerona ó por las montañas de Navarra, sería como andarse por loa cerros de Ubeda. ¿No es mucho mejor aguardar tranquilos y como confiados en su misión providencial á que España, aburrida, corra á ahorcarse en ese árbol que, aun viejo, carcomido é inútil, es el único que se sostiene en pie? El carlismo ya no puede sentirse conquistador, es demasiado viejo; pero con los afeites que se da, los moños que se pone y un poquito de marrullería, todavía puede engañar á a guien y hacer como que se deja conquistar. Los adeptos del carlismo nos enseñan su doctrina como enseñaba Moisés la serpiente de metal: mirando á ella se libraba el pueblo de sapos y culebras muclio más reales. Sin embargo, aquí (y quien dice aquí, dice en el ministerio de la Gobernación) no entendemos las cosas de este modo. ¿Se habla de carlistas? Pues hay que buscar las armas á toda costa, cachear las fronteras, hacer registros domiciliarios y vigilar sobre todo el Bazar X, no sólo por su nombre enigmático, que con razón infunde sospechas á la policía, sino para averiguar qué hay de cierto en la compra de infinidad de caballos de cartón, sables de hoja de lata y pistolas de plomo, que, según se murmura, han ido á llenar los sótanos del nuevo Círculo carlista. Y así tenemos todas las semanas un hallazgo como el de Barcelona, donde se ha hecho un descubrimiento de chispa de unos cuantos fusiles de lo mismo. ¿Qué hace el Gobierno? exclama un señor. Los carlistas se levantarán de un día para otro. (Esto de levantarse un día para otro es el colmo del madrugón. -No basta vigilar las aduanas, dice otro, porque los carlistas están introduciendo armamento por medio de palomas mensajeras. Y hay quien da la recluta como segara en diez ó doce provincias á la vez, ve banderines de enganche en cada sacristía, y cree en los tercios navarros y vascongados como si acabara de verlos formar. Pero, señores, ¿olvidan ustedes que hay en Cuba doscientos mil españoles entre cadáveres y enfermos? Pues entonces, ¿qué carlismo ni qué ocho cuartos? ¡Ni que naciéramos como las patatas! A Madrid lo van á meter en la horma. Quiero decir, que lo van á ensanchar, para que la robusta personalidad del gobernador no encuentre rozamiento alguno, y para que el alcalde pueda ver las calles principales de la corte como el público quisiera ver, no sólo las calles, sino los concejales algunas veces: tirados á cordel.