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grines de rayadillo, desembarcados en Santander ó la Corana con tanta fiebre como amor patrio, i Si sus ojos vieran la sala del Eeal I Ya sabes: en ciertas familias el temor de una catástrofe aumenta la sed de diversiones. Seria u n precioso estudio psicológico, filosófico, social, como quieras llamarlo, el de aquellos individuos que ante las amenazas de probable ruina ó bajo el peso de próxima desgracia, se entregan desesperadamente á los excesos del placer, pretendiendo agotar éste para encontrarse insensibles al esperado dolor, como el que se prepara con una borrachera á una puñalada Pero no volvamos á las cosas tristes, que tantos y t a n bien califican de cursis, amigo mió. Madrid olvida todo lo que puede olvidarse, á fuerza de música. La Sociedad de Conciertos amplía y comienza el número de éstos; el Real abre sus puertas; los teatros del género chico arrojan en la vía pública por medio de sus atarjeas, los organillos, sus basuras de tangos y polkas coreados. O i o flotando en olas de armonía rumor de besos y batir de alas. Y mis párpados se cierran; pero no es que pase el amor, sino que es muy tarde y trasnocha únicamente para darte un abrazo tu amigo JOSÉ DE R O U R E DIBUJOS DE BLANCO COKia C U E N T O S B A T U l l R O S POB GASCÓ. N ¿Qué hora es la que ha dau? a una ú las dos? -La una. ¿Estás seguro? -Y bien seguro; 1 como que la he oído dar dos veces I -Ya me voy cansando, señor alcalde; ¿cuándo me va usted á colocar? -Aura mismo; el capellán se ha muerto; ¿quieres que te hagamos á tú? -Pero I si yo no soy cura! -Pus si te andas con escrúpulos, 1 ya verás cuándo te colocan I S e ñ ü Antonio, I qué buena maleta lleva usté I- -I No es maleta I I no es maleta! -Señor, ¡ya paioió el cepillo 1- -Pues dile á la chica que no lo busque. -Déjela usté; que si lo encuentra, tendremos dos.