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PRINCESA. -Es lo de menos. Enamorado? ¿Sé yo lo que es eso? Desde que tuve uso de razón sabía como había de casarme cuando llegara el día. No necesitaba más oráculo que el Almanaque de Gotha. EMELTA. -Hay donde elegir. PBINCESA. ¿Tú lo crees? Cuenta los que por razones políticas ó por diferencia de religión quedan descartados Mira, es la única condición que yo hubiera exigido: que mi esposo no fuera de otra religión que la nuestra. ¡Pensar que hay princesas que cambian de religión por casarse I Ya es bastante cambiar de patria. ¿Cambiar de patria? Para nosotros es una obligación Para cualquiera sería un descrédito Qué no tardaría una mujer humilde en decidirse á casarse con un extranjero 1 Sólo enamorarse la parecería una traición á su patria. ¿Y en caso de guerra? ¡Sus hijos contra sus hermanos I EMELI. V. Tustamente, ese caso puede evitarse con alianzas matrimoniales. PEISCESA. ¡Eidículas vejeces 1 ¿Crees que las alianzas de los reyes influyen para nada en la suerte de los pueblos? He leído Historia, querida mía. ¡Inútil sacrificio! EMELTA. ¿Sacrificio? ¡Si Sus Majestades os oyeran! Sabéis cuánto os quieren. PEINCBSA. -No, no es sacrificio; es molestia, molestia inútil. De todos modos, nunca habría de saber lo que es amor ése amor de las novelas, de las poesías Pero siquiera, no alejarme de aquí, no hallarme allí sola; ¡sola siempre I EMELIA. ¿Y si llegarais á enamoraros del príncipe Fred? PRINCESA. ¡Pobre de mí! Cuando no había pensado en casarme con él, me acuerdo que viendo un día una Ihist ación extranjera, me llamó la atención el retrato de una actriz hermosísima. Cerca de mí cuchicheaban mis hermanos; no querían que yo me enterara, pero lo oí Aquella mujer era la amiga favorita de mi futuro esposo. EMBUA. -Entonces era soltero; y desde entonces. PRIK- CESA. -Ya lo sé Habrá cambiado de amigas. EMBMA- -Privilegio de los hombres. PRINCESA. -Sí ellos viven, nosotras soñamos EMETJA. ¡Ah! Paes si los sueños nuestros fueran realidades, D. Tuan no sería un hombre. PRINCESA. (Abriendo el escritorio y sacando una cajita. Mira mi sueño; el linico (Abre la caja. Una flor seca se deshará si la toco. Cayó un día en mi coche al pasar por un barrio de pobres; llevaba prendido un papel, y en el papel escritas unas palabras: Amo un imposible. j El papel lo rompió mi madre; la flor pude guardarla... EMELIA. ¿Y no hicisteis nada por saber? PRINCESA. ¡Qué locura! Ni yo sabía qué barrio era aquél, ni á nadie podía confiarme, ni nada quise saber tampo- íx i co Pero mira; por muchas actrices que haya protegido el Príncipe, más, muchas veces más he besado yo esta flor, y será lo primero que lleve en mi equipaje. EMELIA. ¿Y si el Príncipe descubre algún día la cajita? PRINCESA. -Le diré que es la primera flor que recibí al llegar á su corte, y que la guardaré siempre como recuerdo. TACIXTO B E N A V R N T E r! imr, TíiS DR M É N D E Z BRTNGA