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BODAS REALES En el palacio real de la corte de Alfania. En una de las habitaciones particulares de la princesa Mnggie, hija segunda de los soberanos reinantes. Dos grandes balcones con vistas á los jardines del palacio; jardines á la inglesa; todo en ellos parece de quita y pon, de mise en scéne. Un ejército de jardineros repara de continuo los destrozos causados fZ i- íiMpor los temporales, ordinarios en el clima durísimo de Alfania, y dan, al jardín un aspecto penoso de taller, productor de una naturaleza artificial, en conserva. Las paredes de la habitación, tapizadas con tela de cordoncillo de seda: el fondo verde muy claro, y tejidas en la misma tela, con sus colores naturales, r a m a s d e almendro en flor. Cortinajes de terciopelo antiguo d e Utrecht, verde obscuro con flecos y cordonería ferrada. Gran chimenea de mármol serpentino, y sobre ella espejo con marco de porcelana blanca, formado de rosas y de amorcillos voladores. Ancho diván de terciopelo del mismo color que los cortinajes, de alto respaldo y de un solo brazo, en forma de rollo, con una cabeza de león al trente, esculpida en bronce. Silloncitos y sillas volantes de hechura diferente. Librería giratoria de madera de violeta; un escritorio de la misma madera; plantas de invernadero en macetas cubiertas con telas de brocado antiguas; caballetes con acuarelas y pasteles; esculturas pequeñas en mármol, etc. etc. Personajes: i a Princesa, dieciocho oííos. -Alta, delgada, con dejadez perezosa de todo su cuerpo, con expresión desalentada, d e inefable melancolía; como d e árbol que, al mover d e sus hojas al viento, sintiera la inútil sacudida en lo profundo de sus raíces, sepultadas en tierra muy hondo. Blanca, de una blancura suave, luminosa; los ojos azules, como pétalos de myosotis; el pelo rubio, liso, acariciado por la luz en un solo reflejo; alisado en una sola pincelada de oro. Viste u n traje sencillo, rosa muy pálido, sin otro adorno que un cinturón de terciopelo color de sepia, abrochado por un camafeo rodeado de turquesas. Emelia, veinte aftos. -Amiga íntima de la Princesa. L A P R I S C E S A N O quisiera pensar en nada ¿Mi equipaje? ¿Llevo algo que me importe? ¿Voy yo misma siquiera? Quó tristeza 1 Empezar otra vida, otra vida distinta en la corte de mi esposo! E M E L I A ¿O t r a vida? No vais á ningún destierro ni á ningún país salvaje Aquella corte será como ésta, como todas PETNOESA. -No me digas. Aquí vivimos en familia, en cariñosa intimidad E M E L I A -Y allí viviréis lo mismo. PBINCES. -V. -No Bien sabes el tono de aquella corte. Una morgue insufrible. Cualquier escapatoria al campo, de cacería I r u n a noche al teatro, de improviso, es asunto de Estado. Me moriré d e tristeza, tenlo por seguro. E M E L I A ¡P o b r e Princesa mía! Todos creen en la corte que el príncipe Fred os ha enamorado.