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ci o EL ESTERO DE ULTRAMAH íja, e. icena representa, el ininisferio del ramo en eomjtlett. desharajuste. Las mesas amontonadas en el pasillo, las sillas encima de las mesas, los legajos encima de las sillas y los tinteros volcados sohre los leyajos. Persona jes: El Portero m, ayor. -El Ministro. -Estereros que no hablan y autonomistas qtíe barren para adentro. E L POBTBRO M A Y O R (limpiando el polvo con dos plu- meros de capitán general: el de Martínez Campos y el de Wfyler) -Pues señorj desde que h a n entrado en esta casa los estereros y la autonomía, no hay cosa con cosa, ni mueble en su sitio, ni títere con cabeza. E L M I N I S T R O (entrando) -Perfectamente; veo que todo marcha bien. ¿Han venido esos? Er- POETEEO. ¿Quiénes son esos, excelentísimo señor? FÍL MiNiSTEO. -Los de las esteras nuevas. E L POBTKEO. -Sí, señor, ahí están: pero debo advertir á vuecencia que las esteras viejas tienen buen ver y no están mal conservadas; ¡como que las h a n tenido los conservadores! E L M I N I S T R O -N o me convienen. Yo necesito alfombras de u n a pieza, y á esas de que usted habla se les ve demasiado la unión constitucional. E L PORTKBO. -Sin embargo, con pequeñas reformas E L MINISTRO. -Ni pequeñas ni grandes. L a s reformas no sirven para nada; ¿no oyó usted mi discurso de Zaragoza? E L PORTERO. ¿Ouál, excelentísimo señor? ¿El tomado al oído, el tomado con taquígrafos ó el tomado con tenacillas? E L MINISTRO. -Cualquiera de los tres. L a s- alfombras viejas no m e sirven, y las alfombras reformadas, menos. É L PORTERO. -Dispense vuecencia, excelentísimo señor; ya comprende vuecencia que á mí no m e guía otra idea sino la de lograr la mayor economía posible en los trastos de este ministerio. EL, M I N I S T R O -L o comprendo y lo aplaudo; habla usted como debe hablar u n portero mayor. E L PORTERO. -Debo advertir otra cosa á vuecencia; los estereros que h a n venido por orden superior no deben de hacer nada por ahí adentro, porque ni se oye clavetear, ni se escuchan martillazos. E L M I N I S T R O 0 h portero inocente! Pues ahí está el progreso. L a s alfombras autónomas no piden clavos, repugnan los clavos, son incompatibles con los clavos. E L PORTERO. -I Por los clavos de su elocuencia, señor ministro! E L M I N I S T R O (radiante de verbosidad y sin oir á su interlocutor) -Las alfombras autónomas se diferencian de las que usted conoce en que éstas necesitan estar sujetas, claveteadas, impuestas á machamartillo, mientras que las nuevas ¡oh! están libres, sueltas, casi independientes y apenas sujetas á la Metrópoli. E L P O E T E E O (con extrañeza y mirando á los ladrillos) -IA cualquier cosa llaman Metrópoli estos señores i E L M I N I S T R O (radiante de optimismo y de elocuencia) -Usted verá i oh celoso y modesto funcionario I cómo desaparece el frío de estas habitaciones en cuanto queden colocadas mis alfombras, de suerte que el Ministerio de Ultramar, hoy t a n destemplado é inhabitable, resulte u n a DIBUJO DE CILLA pura delicia. HolaI estererosI ¡aquí con las flamantes alfombras! (Entran los estereros y empiezan á colocar la alfombra desde el foro. E L P O E T B R O -O t r a advertencia debo hacer al señor ministro. El frío que aquí se nota no es de los ladrillos; viene de afuera; es u n viento de manigua que se cuela por los cristales rotos y p o r las rendijas y junturas de las ventanas. ¿No sería mejor poner burlete? E L MINISTRO. -Nada de burlete; eso parece cosa de burla, y nosotros hemos venido á hacer u n a política y u n estero atiborrados de sinceridad. E L PORTERO. -Bueno, pero al menos convendría reponer los cristales. E L M I N I S T R O ¿Y por qué h e de pagar yo loa vidrios rotos? E L P O R T E R O -Entonces, excelentísimo señor, verá vuecencia cómo no sirve para nada la alfombra. (Esta queda colocada por arte mAgico, sin clavos ni tachuelas qiie la sujeten. E L M I N I S T R O (pisando fuerte) ¿Eh? ¿qué dice usted á esto? E L P O E T E E O -Q u e tienen muy buen ver, pero que es muy fácil coger u n a arruga en la alfombra y dar u n tropezón y luego u n batacazo E L GENERAL BLANOoCdesáeeZ oroáerecteJ) ¿Sepuede? E L M I N I S T R O -i Adelante! Adelante, mi general. (Éste, al dar el primer paso se engancha con una espuela, tropieza, vacila, y viene al suelo envuelto en la alfombra autonomista. E L P O R T E R O ¿N O lo decía yo? Y el viento sopla que te sopla. (Telón rápido. L u í s ROYO VILLA NOVA