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do Bazán primero y de la condesa de Pinohermoso después, llamó la atención acerca de sus obras y comenzó á gozar de la merecida fama que lioy tiene. Entre los muchos retratos que han salido de sus lápices y de sus cajas de colores delicadísimos, hemos cogido al azar algunos de señoras casadas, de niñas recién presentadas en el m u n d o de bellezas en el adorable crepúsculo de la aurora sura en toi de un bri día, y de s que los 1 drán en qi les no desi i de aquélic ron de mo pez, á los los 3I adra; veras. E n t r e IE Cuerpo di tranjero tes al carácter nacional; pero ni cielo liermoso ni mujeres bonitas le faltarán nunca. Dios nos ha concedido para consuelo de otros males esos beneficios, y no es cosa de que lo veamos todo negro; que por muy desgraciado que se sea, cuando se sale á la calle en una m a ñ a n a espléndida de primavera ó en una tarde serena y apacible de otoño y se encuentra al paso una mujer hermosa, el alma se alegra y parece que se encienden delante de los ojos lucecitas de colores que ahuyentan las tristezas y traen á los labios las alabanzas del requiebro. Y el requiebro, eminentemente spafiol, que hace exclamar al ver Lna mujer hermosa i Bendita sea u madre! es de una gran justicia, orque une en u n solo elogio el) asado y el presente, á las que re rato ladrazo y á las que retrata v aamonde. E n t r e éstas hay algunas que no lan sido presentadas todavía en fo O- V Madrid, h a liabido siempre a! guna belleza de primer orden, y también en esto se conserva la tradición, cómo los retratos de Vaamonde demuestran. No son justos, por lo tanto, los que impulsados por el pesimismo que dice que cualquiera tiempo pasado fué mejor, afirman que hoy hay poco que admirar. A Madrid le podrán faltar para ser capital de primer orden muchas cosas por culpa de sus Municipios y por defectos inlieren- ciedad, y que continuarán en los salones las tradiciones brillantes de sus ilustres abuelas, de las que escuciiaron versos en los salones de Villahermosa y bailaron en los de la condesa del Montijo, en tiempos que no fueron para la patria más tranquilos que los presentes, pero de los que al fin salimos con fortuna; que en este país de las mujeres bonitas es donde más se confirma el refrán que dice que Dios aprieta, p ero no ahoga. KASABAL