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REVISTAMLUSTRADJ T ANO VII MAIIKID, 6 DE NOVIEMBRE DE 1897 NUM. 340 LAS CARRERAS DE OTOÑO 5 V 4. A pesar de su utilidad indudable para el fomento y progreso de la cría caballar que tanta importancia tiene en España, si ésta ha de conservar sus razas hípicas, famosas desde el tiempo de los árabes, lo cierto es que el espectáculo de las carreras de caballos no ha alcanzado hasta la fecha el aspecto popular y nacional que tiene sobre todo en Francia, en Inglaterra y en los Estados Unidos, La crema, la aristocracia, la hig Ufe (pues para esta fiesta sajona sí que cuadra aquel término inglés) concurren en cuajo á las llamadas reuniones de primavera y de otoño para lucir sobre las altas banquetas de loa maü- coach las primeras toilettes de verano y de invierno respectivamente; pero el pueblo y aun la clase media pocas veces pisan el stand: limítanse á presenciar las carreras á vista de pájaro desde los cerrillos contiguos al Hipódromo y á contemplar luego el desfile de carruajes por la Castellana y Recoletos, un desfile lujoso y espléndido, pero mate, sin la clásica brillantez que ofrece la calle de Alcalá á la ida y á la vuelta de las corridas de toros. La sociedad madrileña, que es la más democrática de todas, como reconocen cuantos han vivido mucho en el extranjero, únicamente aparece desnaturalizada en las carreras, donde la sdivisión de clases es un hecho. Fenómeno tanto más de notar cuanto que en el ceremonioso Londres y en el aristocrático París el espectáculo de las carreras es lazo de unión para todas las clases sociales que separadamente viven de ordinario. Fruto es esto de ese carácter