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-Nunca, me contestó, he sido partidario de apelar á tales recursos, que aunque propios de los buenos oradores, jamás me he visto obligado á utilizar. Guando hablo me gusta dar rienda suelta á la imaginación, y los párrafos estudiados, así como las imágenes que previamente se meditan y construyen, adolecen de una grave falta: se nota en seguida la carencia de frescura, de naturalidad, hijas únicamente de la improvisación. Moret cuida al hablar, como Hortensio, del esmero de su traje; tiene de Berryer el ademán elegante y la fisonomía agradable y expresiva; es tan poeta en sus discursos como Vergniaud, el jefe de los girondinos, y se parece á Lamartine en la gallardía y esbeltez de su presencia, en la dulzura de la voz y en la espontaneidad con que recita sus magníficas y grandilocuentes peroraciones. Un dato curioso; Moret toma champagne antes de hablar en público. -It is a very good habit, me dijo r E K C E D S M o K K T al saberlo un inglés amigo. POR I. ABASTIDA Su método de vida es, por regla general, el que aho: a he de indicar á ustedes. Levántase á las seis de la mañana y se pone en seguida á trabajar. Dicta á los taquígrafos un artículo para revista ó periódico, despacha su extensa correspondencia ó toma notas y apuntes para algún discurso político ó para alguna conferencia científica. Usa la máquina Uenángíon para escribir. No escribe nada de su puño y letra, porque padece del c ásico calambre de los que han plumeado más de lo justo. Cuando firma, utiliza una pluma de tamaño monumental, que más que pluma parece una escoba, y aun así suele sujetarse la mano derecha con la izquierda. Durante esta labor fuma constantemente, hábito que contrasta con el que tiene de no fumar casi nada el resto del día. Come á la una, y come mucho, con excelente apetito. Alguien ha hecho la DH T R A B A J O curiosa observación de que todos los grandes oradores son hombres de buen diente. Necesitan de fuertes alimentos para que el organismo funcione con parfecta regu, j U. LJV laridad. Duerme, después de comer, un largo rato, una hora aproximadamente. Se reeuet ta en cómodo sillón y entrégase á dulce y confcrtable sueño, que le dura todo el tiempo que él cree preciso, aunque hablen, chillen y vociferen á su alrededor. Sale generalmente por la tarde. Y en epte punto se nota la dificultad que hay para sorprender y retratar la vida de un hombre de tan complejas aptitudes. Varían las situaciones, y con ellas los hábitos, las costumbres. No puede ser igual la distribución del tiempo en el verano que en el invierno, cuando se hallan abiertas las Cortes que cuando permanecen cerradas. Un político en la oposición no es el mismo hombre en el poder, preocupado con innumerables atenciones, absorbido por los visiteos, las cartas y los expedientes. Por eso no indico en mi relato nada más que lo que puede llamarse esencial y permanente, prescindiendo de lo accidental y variable. Por ejemplo, y para concluir, ahí va un detalle de la vida íntima de Moret, que se repite constantemente. Llega á casa por la noche, lee TJie Times, cena, habla un rato de sobremesa, coge las cartas de la baraja y se consagra á la entretenida é inocente labor de hacer solitarios. GABEIEL R. ESPAÑA LA HORA D E L TÍ Fotografía de Framen, hechas expresamente para BLANCO Y NEGHO