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Habrá que lianer un Reglamento de entusiasmos, al aso qne vamos ¡Sobre que los españoles nos entusiasmamos por todo! ¡Pero sin orden ni concierto! Las impresiones de la multitud brotan, surgen de pronto sin límite ni medida, y así resultan unas manifestaciones colosa es de popularidad que no lia quien las entienda. Hacemos popular á todo el mundo, eso sin contar con el individuo que se hace popular él mismo. Desde el cómico ó el cantante que telegrafían á un ¡leriódico: Gran ovación anoche; inteve llamadas hasta el Gobierno, que les dice á los funcionai ios: Mañana á tal liora, en tal parte, á oeai. -ionar á Fulano todos contribuimos, -periodistas y público, masas y particulares, á trastornar la cabeza del J u a n X convertido en idulo de la noclio á la mañana Kscribe un principiante un acto en verso para el teatro de Tal. Le sacan á escena OÍÍIIO Ó diez veces, y aun en medio de la i epresentación, si cabe, A los oclio días le dan u n banquete de sesenta cubiertos, y le leen versos ó cosa así. Lo mismo, ni más ni menos, que al que escribe un iiermoso h ama trágico, ó al que pronuncia un discurso de esos gue hacni caer tina situación, como suele decirse. i Iata un torero muy bien sus seis toros. H a y que sacarle en andas de la plaza, echar las campanas á vuelo, proclamarle enipoi ador de la tauromaquia, y se produce lo que los inleligentes en esto llaman el disloque. Pues que sale un diputado fresco y nro pono al Gobierno, cualquiera que sea, como im trapo, con palabras altisonantes y frases de á diez céntimos palabra. Tirada aparto, banquete en restaurant caro, telegramas, cablegramas, telefonemas y plaucJias de oro con firmas de primera Y resulta c ue no liay clases; que lo mismo nos ecliamos á la calle cien mil ciudadanos á vitorear á Cabriñana, que nos ponemos en ie dieciséis mil en la j) laza para decirle al Bomba que viva su señora madre; io mismo escotamos á dos duros por barba ¡lara banquetear en lionor del concejal de! distrito, que para dar nna comida con el menú en francés aX financiero que lia prometido un ferrocarril de vía liúmeda, digo, de vía estrecha. Al liéroe de Cuba le dañaos lo mismo que al que creemos que lia dado con un remedio para curar el cólera. Hace su benoflcio uu actor popular, y allá van los centenares de objetos, y cosas de comer, beber y arder, llenando el saloncillo. Se casa la distinguida señoi ita de Tal, hija de un conocido conde que estuvo el año i a- sado en Marmolejo con t u n marqués, liijo do nu conocido negrero que lia sido presidente de varias cofradías y los periódicos, olvidando las cuestiones más interesantes, publican una lista de regalos que da miedo. ¿Que llega tal eximio á tal punto? Cohetes, cañonazos, el orfeón, la infaníería, la caballería, la artillería, las mangas de la pan oquia, liaclieros, maceros, caballeros primeros, caballeroí. segundos, comparsas y pueblo de ambos sexos. ¿Que llega el día del santo del monstruo m á s espantable del Ponto de Calidonia? Diecisiete mil telegramas urgentes, serenata monstruo, iluminaciones, álbum con las fotografías de todos los que mantienen los contribuyentes, terminando la ovación con una bonita función de fuegos artificiales. Se despide del público u n torero. ¡Por fin! Ya no le veremos dar m á s bajonazos, dolorosas, tres en hueso y una á la atmósfera. Se retira á la curda privada. Y nos entra un entusiasmo loco, y pagamos las barreras á cuatro duros, y le hacemos una de esas apoteosis entre sol y sombra que encienden vivo como dicen los maestros. Y lo mismo, viva más ó menos y jVIarcha de Cádiz menos ó más, haremos con el valiente que viene de Cuba ó Filipinas sin brazos ni piernas, que con el tenor que llore por la tiple perdida, vestido de dominicano. Coi- onas, palomos, codornices con cintas azules y gorriones con la cinta de Carlos H I