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y por precaución puesto eí puño en el guardamanos de las toledanas, se abría paso por entre la espantadiza muchedumbre. ¡Y lo que son los fueros de la juventud y de la hermosura, aunque éstos se hallen en lo más bajo y menos limpio de la escala que marca las jerarquías humanasl Mientras el titiritero, á quien ni se dejó recoger sus cachivaches y trastujos, salía de la posada á puñadas y coces, como si de alta princesa se- tratara, respetuosa escolta fueron dando los alguaciles á la mozuela hasta dejarla cómodamente arrellanada en las almohadas de un coche de camino que de intento á pocos pasos del mesón estaba prevenido. III De horrible pesadilla se creyó presa, tres días después del suceso que va narrado, el muy alto y alcurniado señor D. Iñigo Perafán de Eivera y Alvarez de Barahona, corregidor por juro de heredad de la ciudad y término de Monti 11 a, cuando abría un pliego que acababa de poner en sus manos UQ propio, y que por bajo de la cruz consiguiente á la letra decía así: Padre y señor; Si las travesuras de la mocedad y los extravíos de la pasión disculpan mucho, no deben tolerar que por ellos padezca injustamente la inocencia. En las cárceles de esa ciudad yace un desdichado, que valiéndome de vuestras justicias, sobornadas con dineros y el prestigio que me dio el ser hijo vuestro, hice aprender, sin que sea reo de otra culpa que la de haber tenido por mansa é inocente paloma la que con cara de ángel resultó garduña de mi bolsa y neblí que se llevó entre las garras no escasa porción de joyas que sin que lo percatarais saqué de esa vuestra casa, á que la vergüenza de mi culpa no me deja volver. Ponedlo en libertad, ya que de la nuestra gozamos los únicos delincuentes, y tenedme á mí por castigado con la pérdida de la que fui sobrado loco para pensar en hacer mi esposa, y que ha huido con unos trajinantes, dejándome en cuerpo de camisa y sin más abrie; o que las calzas. Aunque indigno de tal merced, besa vuestras plantas el más avergonzado y arrepentido de los hijos, que lo es vuestro, -Don César Perafán de Rivera. Al leer tal mensaje el corregidor tamaña fué su ira, que á punto estuvo de cometer el rtíayor de los desmanes en la persona del pobre titiritero, mandándole colgar de una de las rejas de la cárcel. Pero siendo padre en primer término y varón recto después, ¿qué había de hacer sino perdonar? Y lo cierto es que maese Gil escapó tan bien, que á cambio de que diera al olvido aquella aventurilla en que no había salido muy bien parado el lustre de la justicia, no sólo quedó libre, sino con creces indemnizado de la pérdida de sus cachivaches, y hasta estoy por decir que de la de la mozuela. Aunque si la fama no miente, de ésta última no había por qué remunerarle. V -f; i i w F Como que, á creer á personas que se daban por t stigos presenciales, no mucho después, y con no poca chacota, con él partía el gato destripado al mayorazgo aquella girrida moza cuyo candido aspecto hacía recordar al armiño, que ni en los más sucios tremedales mancha su blancura. AüGEL R. CHAVES DIBUJOS OK MÉNDEZ BEINGA