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Pero como todo llega en este muiído, no siendo los honabres á su perfección, luego que maese Gil hubo mostrado imas ratas que él decía traídas de ias Indias de Occidente, y que el posadero juraba que á cientos las iiabía en su casa de la misma especie y aun mayores, la carcomida y desvencijada puerta se abrió, y el docto senado se quedó con tanta boca abierta, como contemplando el más raro prodigio por la naturaleza producido. j il- i. -i- 11 1 otivo había para ello, qne I chacha, que sin bajar de ince abriles no parecía pa- I los dieciocho, era más que doblón de los de dos I y más gallarda y esbelta 1 pino. t I arrumacos y retales de I ites estofas y de abigarralores que cubrían su cuer cuentas de vidrio, que no n apreciar bien ni el ébano trenzas ni el marfil de razos que llevaba del todo liertos y de una pierna de ijaba ver alguna más por s la que á la castidad con no eran suficientes á emM una como á modo de im le luz que de toda ella se ndía, como diciendo qne K r cuerpo, á semejanza del 1) ni en el más sucio tre: se mancharía. Verla y quedar el concurso pasmado fué tan uno, que no pudo re iriiuir maeíe G. l una i? onrisa de satisfacción en que se leía éste ó parecido pensamiento: -Si esto os sucede no más de tener ante los ojos tal tesoro, cuando admiréis la gracia de sus movimientos y la rareza de sus habilidades, en Dios oa juro que no os ha de quedar blanca escondida en el más hondo repliegue de la faltriquera. Pero por malos de los pecados del titiritero no sucedió así. Todavía comenzando el jorobadillo el preludio de una chacona en la destemplada vihuela que entre las manos tenía, aún no había terminado la mozuela la zalema á la morisca con que hacía pleitesía al noble senado, cuando una voz entre atiplada y bronca gritando ¡Ténganse todos á la justicia del rey nuestro señorl vino á trocar en sobresalto lo que era admiración, habiendo cara que palideció hasta el punto de tomar el amarillento color de un cirio. La que no perdió nada de su aplomo y de su placidez fué la mozuela, que sin duda por ser la de conciencia más limpia vio asomar por el patio, sin el máa pequeño sobresalto, no flojo golpe de ministriles, que con las varas alzadas