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t; V conviurrencia que les aguarda. Porque, aunque s a triste confesarlo y á pesar de que la gente reflexiva y seria atribuía la ansiedad despertada por la última crisis al estado excepcional en que se encuentran los asuntos públicos, hay que reconocer, para ser sinceros, que t a n sólo la cuestión del personal es lo que trae inquietas, curiosas y desasosegadas á las gentes. Ahora ha entrado Pidal. Luego vendrá Sagaeta. ¿8 abé usted si por fin han llamado á Silvela? Esto y sólo esto preocupa al grande y al pequeño público, Así es que nadie pregunta: ¿Qué harán con los Estados Unidos? c ¿Cómo ee arreglará la Ilacien da? ¿Qué rumbo tomará la guerra de Cuba? sino ¿Quién va á Elstado? ¿Relevan á Weyler? ¿Cuál es la lista de los ministros nuevos? No es cosa de meterse ahora en lionduras sociológicas ni de bucear en la psicología de la multitud, pero el hecho es que ai público no hay que hablarle de ideas, sino de personas. Sii modo de juzgar está pintado en aquella pregunta famosa hecha á raíz de una crisis republicana; ¿Qaién es Pedregal? Pedregal era un hacendista, un orador y un poli tico; pero era nuevo, y la opinión no perdona á nadie la novatada. Dígase, pues, cuanto se quiera de ideas redentoras, de rumbos nuevos, de soluciones embotelladas, lo que en la solución de la crisis ha preocupado á las gentes tan sólo es la cuestión del personal, es decir, la ausencia del Sr. Gamazo en la lista de los ministros nuevos. En la plana siguiente publicamos los retratos de los actuales consejeros de la Corona, sobre los cuales pesa la inmensa responsabilidad del poder. EL SK. P I D A L S A L I E K D O DE CONi KKKXOIAR COS LA R E I S A Fo ografias Iv roym EL SR. SAGASTA SALIESDO DE SU CASA PAEA PALACIO