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Los Aschantis Esta distinguida al par que notable tribu salvaje que desde Barcelona nos han remitido á los Jardines del Buen Retiro, constituye, con la excomunión del minittro de Hacienda, el suceso más culminante de estos días. La simpática tribu, compuesta de más de cincuenta personas de todas edades, sexos y categorías, está despertando la más viva curiosidad de las gentes que todas las tardes acuden á los Jardines del Buen Retiro para ver cómo son los salvajes, aunque estos aechantis de todo tienen menos de eso; sus continuados viajes por el mundo civilizado, el há LLUGAUA A MADivii) bito ya adquirido de otras costumbres, ha ido despertando en ellos otros gustos y otras necesidades. Hablan bastante bien el francés y el inglés, y algunos de ellos castellano, muy deficiente, muy incorrecto, pero lo bastante para hacerse entender algunas palabras. Estas dispoi iciones lingüísticas de los individuos de la tribu han desilusionado á muchos espectadores, que creían de buena fe que los aschantis habían venido conducidos por tránsitos, atados con cadenas, y á quienes se figuraban ver en los Jardines metidos en jaulas, adornados con plumas, dando saltos y enseñando los dientes. Como que h a habido persona que al acercarse para verlos de cerca, preguntaba á su acompañante: c ¿Muerden? Y no hay tal cosa. Se les puede pasar la mano por encima, y no hacen nada. Son estos aschantis gente de buena fe, sencillos, de hábitos y costumbres patriarcales. Hace tiempo que salieron de su país, y aunque algunas veces suspiran al recordar su cielo lejano, se hallan muy á gusto con su actual vida errante. Están encantados de Europa, sobre todo el maestro de escuela, el que instruye á los aichantitos; éste es un tipo digno de estudio, muy simpático y de agradable conversación; habla el portugués correctamente, y es muy amigo de Zahonero. Aunque maestro de escuela de abolengo salvaje, no le deben, según él, atrasos; bien es verdad que en su país no saben lo que es un Ministerio de Fomento. Habla muy bien de Madrid, de sus mujeres, que le parecen muy hermosas; y al decir esto mira al cielo, como buscando misteriosas analogías. Rodearon al maestro una turbamulta de chiquillos, negros bronceados, de GRUPO DK ASCHANTIS u n bronceado lustroso, brillante; rodearon al maestro y se fueron con él, cantando con sus vocecillas atipladas una misteriosa invocación, que después supe precede á las tareas de la clase. El maestro nos hizo una reverencia de minué, y desapareció. Volvimos la vista y nos encontramos con cuatro mujeres aschantis haciendo labores propias de su sexo. Estas mujeres tienen aspecto inteligente, y relativamente no son feas; y digo esto porque no ha faltado individuo que terciándose el sombrero sobre los ojos con aire picaresco, haya dicho á una de esas individuas: Oiga usted, morena; apúnteme usted pa el primer baile, y aschániese usted. Porque la empresa de los Jardines ha anunciado ya bailes aschantis, sin guardarropa naturalmente, y batallas y riñas campales entre los hombres de la tribu y aficionados que gusten bajar al redondel; pelearán al estilo de su país, con lanzas, ni más ni menos que Pepe el Largo y Agujetas, y con esto y otras novedades que se preparan, no hay duda que los Jardines serán visitadísiinos. KL BBLLO SKXO