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rfe portero, del alquiler del cuarto deshabitado, de la. luz de la escalera, de la contribución y de otro 8 extremos, que loa traían mu divididos. La esposa del magistrado, que era gorda y alta, liombruna, charlatana y muy versada en leyes, pronunciaba discursos llenos de considerandos y resultandos, para venir á probar la conveniencia de que el portero fregara la escalera todos los días, aunque á prorrateo se le aumentara el jornal que se le daba; pero el dueño de la tienda, que para entrar en su casa no había de pisar ni un es -alón siquiera, c n voces tenderiles é imprecaciones de cuartel decía que aquel gasto era superfino y que debía abonarlo la magistrada de su bolsillo particular. Cuando estaba la discusión en su período álgido, la beata que vivía en el segundo, mujer con cara de vigilia, escurrida de carnes, enlutada de ropa, y que no se le caía la Santísima Trinidad de entre los labios, porque siempre estaba á vueltas con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, pedia la palabra para protestar contra el cómico que vivía en el cuarto de arriba, porque no la dejaba dormir, despertándola muclias noches el ruido de sus pisadas y de sus voces, que eran á veces tan irreverente. que no respetaban ni á lo humano ni á lo divino. -Figúrense ustedes, decía escandalizada la beata, que el día de Difuntos, á l a u n a de la noche, estaba este maldito hombre diciendo á gritos; T. os muertos deben filtrarse por la pared I ¡Adelante I- -Después añadía: CiiitH, si vuelve á llamar suéltale mi pistoletazo. -Figúrense ustedes mi susto y mi congoja Estuve á punto de asomarme al balcón para llamar al sereno, pensando que habían entrado ladrones Además, este hombre es un embustero, porque muchas veces suele decir; Qae yo soy siempre Don Juan, y no hay cosa que me espante. ¿Y cómo es posible que se llame D. Juan, cuando en el recibo de inquilinato consta que se llama Nicanor Lechuga, nombre que por lo verde resulta indecoroso? El cómico protestaba de aquellos remilgos de la beata, diciendo que era ella la que no le dejaba dormir con el sQnsonete de sus rezos y el visiteo de los cofrades, que parecían gentes de mal vivir, y de este modo se iban enzarzando todos los copropietarios, pasando de las voces al grito y del grito á la zarpa, hasta que el tendero, dando grandes puñadas sobre la mesa, exclamaba furioso, dominando el tumulto con estas palabras: -Señores, aquí el que manda soy yo, porque todos ustedes me deben muchas libras de garbanzos y de judías, y más onzas de chocolate qué años cuentan entre todos; por lo tanto, mientras no me paguen, yo debo cobrar los alquileres y poner orden en esta casa de locos. Ofendida la esposa del magistrado, echaba sobre él una sarta de considerandos, el tendero! a respondía con palabrotas del arro 3 o, la beata terciaba en la polémica con maldiciones salpicadas de latinajos, el empleado y sus cuatro hijos amenazaban á todos con formarles expediente, que es castigo cruel por ser interminable, y el cómico, que no se achicaba cuando creía que estaba en escena, levantando los puños en actitud dramática, decía; Con quince luché en Zamora, y á los quince los venci. Y resultó de todo esto que terminaron una de las sesiones á puñetazos y modiscos; por manera que la magistrada la emprendió con el tendero, éste con el cómico, el cómico con la beata, la beata con él, y el empleado y sus hijos contra los otros, acabando por renegar de doña Catinta y de su herencia, la cual renunciaron en favor del sobrino calavera, que, en vista de esto, solía decir; -Para la administiación de una tasa no sirvo el sistema arlamentario constitucional; es mucho mejor el absolu tismo. DiBu. o D MÉXUEZ líitixGA E R A F A E L TOREOMJÍ: