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UN KINOÓN i l E LA T E R R A Z A ver le y á la Pino; sus conciertos de artistas célebres, ó fUS asaltos de armas como el del otro día, que fué verdaderamente notable, y en los que se ve que la juventud distinguida no pierde el tiempo en invierno, y tira al florete mientras la otra juventud, la jugadora, tira á cinco. En una palabra; en el Casino liay de ttdo, como en botica, y todo á propósito para que la estación de verano sea completa. Sin el Casino, ¿qué liarían la mayor parte de los veraneantes? Un año estuvo cerrado, y hubo varias muertes por melancolía. El director, D. Jacobo Domínguez, gobierna en aquel ministerio de los placeres menudos (menus plaisirs, s il vousplait) con gran acierto. Es hombre de mundo, como buen gallego. Tiene á sus órdenes un personal numeroso y difícil de dirigir, y tiene á su alrededor constantemente mil personas que le piden mil cosas distintas. Dicen que la boina es la prenda local por excelencia en este país. Más bien creo yo que es la gorra. La gente que entra de gorra en la casa es innumerable. Todo el mr. ndo se cree con derecho á no pagar. Los periodistas, los accionistas, los amigos de los accionistas y de los periodistas. ISToches hay en que no han pagado por entrar ni veinte personas. Y todas las que hay dentro dicen: -I Lo que debe ganar esta gente! A fe que si no fuera por los ceritos de los r caballitos, y del ferrocarrilito, y de la pelotita, á que todo el mundo juega, yo no sé cómo se pudieran pagar los cuarenta mil duros que tiene de gasto el Casino en la temporada. De alguna parte ha de salir el dinero; porque si no, ¿cómo había de vivir un establecimiento que regala cuarenta cotillones completos en la temporada, diez ó doce fuegos artificiales, treinta tómbolas para los bailes de niños, y así como mil entradas gratuitas? Y demos gracias de que se pueda vivir con eso; porque el año en que los propietarios nos cerraran las puertas y tuviéramos que irnos al Boulevard ó á la Concha á pasear á obscuras, ¡adiós temporada! Bien considerado, entre Domínguez y Arana hacen la temporada solos. El uno con las tardes de toros y el otro con las noches de baile, proporcionan á la colonia únicas diversiones que hay en tres meveraniega ses. Los Ayuntamientos no h a c e n n a d a por atraer gente á la población. El Casino y la Plaza son los dos centros de reunión de cien mil personas. ¡Pues benditos sean los que tal hacen! Que si ellos ganan dinero, los demás ganamos meses pasándolo b i e n y esperando las tristes noches del invierno. ái i EüSEBio BLASCO Futoyrajías Moreno y Otero