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C- f. FAi MAPA PKINCJI AI CORREO DEL NORTE EL GBAN CASINO San Sebastián, Septiembre 1 S 9? El Gran Casino es el templo del veraneo. Templo parece por su construcción, y alguien ha dicho que lo será un día. Puede suceder, dada la influencia de ios que hoy dominan en la opinión; pero entretanto, el Casino es toda la estación, la casa común, la i mica distracción de la ciudad. De las veinticuatro horas del día, ¡lo menos diez las pasan los veraneantes allí! Ya sean abonados, ó accionistas, ó invitados, tienen en el establecimiento cuanto pueden desear: periódicos, baños, conciertos, bailes, cotillones, restanrant, café, y sobre todo, constante ocasión de verse y hablarse y abrazarse y morderse, que siempre da gusto. La terraza del Casino es el salón de la ciudad. Por allí han pasado, pasan y pasarán cuantos vienen á que los vean y á darlas de algo. Políticos, banqueros, toreros, literatos, señoras, aristócratas y clases medias, ricos que pueden gastar y pobres que quieren parecer ricos pero todos muy bien vestidos y ofreciendo á la vista un conjunto sumamente elegante. Eso si; el Casino es chic, muy chic; no se ve nunca en él una figura que descomponga el cuadro. Tiene sus horas, como la playa. Hora de los periodistas corresponsales, que van á leer los periódicos y á escribir sus noticias. Horas en que se da juego arriba y no se ve gente abajo, de tres á cinco. A las cinco el concierto, con sus Hernanis y sus Guillermos Telles, como decía el andaluz. A las nueve, la otra convidada de Bigoletos y Trovadores; y de las once en adelante, el baile, el cotillón; es la hora de los amoríos, de las emociones de la juventud, de las fiestas que más carácter dan á la casa. Pe cuando en cuando hay su temporada de teatro, para que no olvidemos á Madrid y veamos de ceica á la Val-