Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Í nRF. mKHrjs F, r. nRTFRiá -t A- a JLf M J XI J A. ÍX yj r x A. j- ihJ A. x s Creo indudable qne en la calle, la plaza, el paseo ú otro lugar semejante, debe darse la derecha á la persona de más respeto ó elevada categoría. Pero si un individuo nos hospeda en su morada, entiendo que el invitado debe someterse á lo que el dueño de la casa disponga. Sería descortés pedir otra habitación, otra cama y otros muebles más modestos, aun cuando tal deniaiula se hallase disculpada con la humildad y llaneza del pretendiente. Harto sabido es lo que nos refiere el Quijote de el labrador que porfiaba con el hidalgo para que tomase la cabecera de la mesa, y el hidalgo porfiaba también que el labrador la tomara, porque en su casa se había de hacer lo qne él mandase. Pero el labrador, que presumía de cortés y bien criado, jamás quiso, hasta qne el hidalgo mohino, poniéndole ambas manos sobre los hombros, lo hizo sentar por fuerza diciéndole: -Sentaos, majagranzas, ue adonde quiera que yo me siente será vuestra cabecera. Me parece que hoy nadie que tenga mediana educación dejará de obedecer al dueño de la casa y de ocupar, sin observación ni réplica, la silla que éste le señale en la mesa. Pasemos de de ella al coche. El coche, lo mismo que el buque, viene á ser una continuación de la casa. Y si en la morada hay que avasallarse al amo, claro es que en el carruaje impera la misma ley. ISÍi comprendo ni me explico las disputas m s ó menos largas sobre los asientos de un lando entre el invitado y el propietario. -Éste debe ocupar el lado izquierdo, para demostrar que el vehículo es suyo. -Por eso la cuestión de cortesía riisulta r, ñ K té! íi